NO, en mi nombre NO

No, en mi nombre no habléis. Ni montéis meetings, ni me habléis en castellano a ver si me relajo, que toda la vida he hablado català en casa y me he sentido tan español como todos los que conservan la cordura.

No, en mi nombre no habléis. Ni montéis meetings, ni me habléis en castellano a ver si me relajo, que toda la vida he hablado català en casa y me he sentido tan español como todos los que conservan la cordura.

Hace ya algún tiempo, en un momento indeterminado del futuro llegó por la comarca de la Cerdaña –una de las zonas más independentistas de Cataluña- el gran maestro tibetano Tathagata procedente del Himalaya, un sabio respetado por todos los países y culturas por sus equitativas reflexiones. Aprovechándose de su estancia por la zona, un grupo de ciudadanos del pueblo de Das liderados por Carles Bonell, independentistas todos ellos, concertaron un encuentro con el Maestro Budista para pedirle su apoyo a favor sus pretensiones separatistas.

Me ha gustado mucho el último artículo del falangista Eduardo López Pascual. El autor de Poemas para un Paisaje Sonoro ha lanzado, dentro de nuestro pequeño entorno político, un conjunto de ideas razonables sobre las posibles vías de actuación del nacionalsindicalismo a corto plazo.

La construcción del relato es fascinante, tanto que los mitos han devorado a los hechos. Veamos los hechos: primero, Catalunya, a través de su mayoría parlamentaria absoluta, una mayoría social del 80% y el 90% de sus municipios, pide un referéndum. Es decir, pide poder consultar al pueblo sobre su futuro, y para ello quiere contar los votos. Además se aviene a hacerlo en cualquiera de las opciones que permite la ley, y para ello dedica tiempo y negociación para encontrar una salida consensuada. La respuesta es el no a todo, no a refrendar, no a votar, no a consultar y casi a no respirar si el aliento huele a demasiado catalán.

Mi querido amigo Bernat Dedéu, filósofo, independentista y que dedica buena parte de su vigorosa producción a escribir en favor de este asunto, se vio, por el más elemental sentido de la decencia, obligado hace unas semanas a declinar la invitación a una tertulia de TV3 porque todos los convocados eran independentistas. La cadena se vio obligada a rectificar, invitó a dos de otro modo de pensar, y finalmente Bernat pudo acudir al debate.

Sucede que, hasta la fecha, hemos admitido la cuestión de la unidad de España, como un problema generado e impuesto (con ritmo propio) por los separatistas catalanes, acostumbrados a la perenne pasividad del Gobierno de la nación. Si oteamos el pasado inmediato, las consecuencias que la propaganda orquestada desde la Generalitat de Cataluña y las amenazas de declaración unilateral de independencia -previsible consecuencia directa del triunfo sin mayoría absoluta de la lista unitaria confeccionada ex profeso para la convocatoria de elecciones plebiscitarias el próximo 27S -han causado en la opinión pública y sobre la propia conciencia de los españoles, ponen en evidencia una crisis mucho más profunda y grave que la las soflamas independentistas y es que, a la sombra de un Gobierno inerte, siempre florecen los oportunistas.

(Dedicado a todos aquellos que dicen que "lo que ocurre en el extranjero a mí no me afecta, que se maten entre ellos". Desde aquí mi sonora y paternal colleja. De nada.)