Podemos, la portada incesante

El anuncio por parte de Pablo Iglesias en una conferencia de prensa coral rodeado de todos sus jefes de tribu de la presentación de una moción de censura contra el Gobierno ha conseguido su evidente objetivo, que no es otro que concentrar el foco sobre su formación, generar un debate sobre su absurda iniciativa y ocupar titulares. Muchos comentaristas han caído en la trampa y se han apresurado a demostrar que se trata de una idea disparatada carente de recorrido político porque en nuestro ordenamiento esta operación parlamentaria es de carácter constructivo. Como el partido morado no cuenta con el apoyo de ninguno de los dos principales grupos de la oposición para semejante payasada, su intento de derribar a Rajoy está condenado de antemano al fracaso. En tertulias televisivas, editoriales y columnas, se han destacado los flagrantes fallos de la ocurrencia: no se ha consultado previamente a las restantes fuerzas, se ha desviado la atención de la opinión de la corrupción crónica del Partido Popular para llevarla a distraerse con una maniobra inútil, en el pleno del Congreso la moción sufrirá una derrota humillante, el Presidente del Ejecutivo puede demoler dialécticamente al candidato a sustituirle dejándolo en ridículo y, en definitiva, este ataque suicida se saldará con un claro perjuicio para las siglas que lo han impulsado.


















