Toda persona puede gestionar públicamente sus procesos como le venga en gana. Toda persona puede exaltar calurosamente sus presuntas victorias judiciales o puede, por el contrario, andar de puntillas sigilosas por entre las contingencias de un litigio. Estaría bueno descubrir nada nuevo a estas alturas de nuestras muy particulares películas. Desde luego, y como siempre aconsejamos a nuestros clientes, lo mejor es callarse: guardar silencio hasta que las cosas no terminan definitivamente. José Luis Roberto ha olvidado estos criterios de elemental prudencia y ha preferido sacar pecho frente a su parroquia política. Una mezcla de simple jactancia y de urgente necesidad partidaria supongo.
En su célebre texto esotérico, San Juan describe a cuatro aterradores jinetes cuya interpretación simbólica ha hecho correr mucha tinta a lo largo de los siglos. El significado más común atribuye una devastadora identidad a cada uno, el blanco es el poder, el rojo es la guerra, el negro es el hambre y el bayo, la peste. Se trata sin duda de terribles desgracias padecidas recurrentemente por los seres humanos desde su aparición en la tierra, que Vicente Blasco Ibáñez tomó como título de una de sus novelas más conocidas y que Hollywood plasmó en dos películas muy taquilleras, una en 1921, protagonizada nada menos que por Rodolfo Valentino y otra en 1962, cuyo papel estelar desempeñó Glenn Ford.
La precariedad laboral y la diferencia entre ricos y pobres se plantean como lucha de clases cuando lo que subyace es la meritocracia. No es que los camareros cobren menos que los arquitectos ni que los médicos tengan que marcharse de España para investigar. No hay precariedad laboral sino un precio ajustado a lo que cada uno puede ofrecer.
El pasado mes de junio aterrizaron en el pueblo de Órgiva, en plena Alpujarra, un grupo de turistas catalanes de Gerona para hacer turismo en la zona y practicar senderismo y todas esas cosas que los de ciudad sólo pueden llevar a cabo entre adoquines y mantos de asfalto en una atmósfera enriquecida con CO2.
George Orwell escribió entre 1947 y 1948 una de las mejores novelas de todo el siglo XX, '1984'. El escritor británico introdujo el concepto del Estado como un 'Gran Hermano' que todo lo ve, un ente omnipresente que vigila a los ciudadanos con fines represivos.
Pero tal y como reza el refranero popular, la realidad supera a la ficción. La Junta de Andalucía quiere convertirse en todo un 'Gran Hermano' fiscal para evitar los traslados ficticios de sus ciudadanos a otras Comunidades Autónomas.
¿De qué huyen los andaluces? Del elevado Impuesto de Sucesiones y Donaciones, conocido como el 'impuesto a la muerte'.
Este tributo lo que hace es cobrar a los herederos por los bienes heredados, que en su momento ya tributaron. Cuando alguien compra un bien inmueble paga impuestos, cuando alguien ahorra dinero paga impuestos (si las ganancias no estuvieran reguladas sería dinero negro). Es decir, todos los bienes que una persona gana durante su vida han tributado en las arcas del Estado.
Sin embargo, este Estado megalómano y chupóptero no le basta con cobrar impuestos una vez. Sino que cuando alguien hereda un bien tiene que volver a pagar para poder quedarse con él. O lo que es mismo si tus padres tienen una casa en propiedad y te la dejan en herencia tienes que volver a tributar. Se tributa dos veces la misma cosa, un robo fiscal en toda regla.
Este impuesto existe en toda España, pero son las CCAA las que regulan las bonificaciones. De esta manera, en Andalucía una herencia de 800.000 euros tendría que pagar 165.000, mientras que en Madrid por la misma herencia se pagan 1.500 euros. Esto en el caso de que se herede de padres a hijos, si se hereda de tíos a sobrinos u otros grados el precio se dispara.
Debido a este abuso fiscal, los andaluces buscan trasladar su residencia a otra CCAA y así ahorrarse este impuesto, que es probablemente el más injusto de toda la tributación española.
La voracidad del Estado, su tamaño descomunal y el continúo ataque a las libertades que viven los ciudadanos, ha hecho que Andalucía se convierta en un gobierno Orwelliano. Vigilará los movimientos de sus ciudadanos y por qué se trasladan de domicilio, ya ni puedes morir tranquilo.
Lo que más miedo ya, no es solo el tributo abusivo e injustificado, sino el hecho del estado policial y represivo que pretende controlar los movimientos de sus ciudadanos con el único fin de seguir absorbiendo su riqueza para poder mantenerse. Un Estado incapaz de controlar el gasto y aumentar la libertad, un Estado que quita a cada ciudadano más de la mitad de lo que gana al año, un estado al que a lo largo de nuestra vida aportamos de media 635.000 euros en tributos. Pero sigue siendo poco, porque este sistema sino se reforma terminará devorando a cada contribuyente para poder seguir manteniéndose. Como hacía el Conde Drácula con la sangre, sino la bebía no podía vivir.
Es agosto de 2015 y estoy de vacaciones por Francia cuando me llegan noticias del monstruoso incendio que asola estos días la sierra de Gata al norte de Cáceres y la impotencia de los bomberos por controlar la situación.
Bueno, pues parece que el Emérito se ha molestado porque no le han invitado al cuarenta aniversario de aquellas elecciones generales del 15 de junio de 1977.