Otro insólito linchamiento, esta vez al secretario de Estado de Seguridad por haberse reunido con el hermano del expresidente de la Comunidad de Madrid. Los imputados continúan siendo personas inocentes y tendría que ser considerado un delito sugerir sin pruebas lo contrario.
Hemos oído en los últimos años cada vez que afloraba un nuevo escándalo protagonizado por políticos la piadosa reflexión de que en todo cesto de manzanas siempre puede haber unas pocas podridas, pero que el conjunto se mantiene sano. Son un pequeño número de casos entre decenas de miles de honrados responsables públicos que ejercen con limpieza y ejemplar dedicación su cometido, se ha repetido una y otra vez para calmar la ira creciente de una ciudadanía harta de pagar el sueldo a caraduras y sinvergüenzas. La democracia española funciona, la justicia acaba alcanzando a todos, nuestro nivel de venalidad entre las capas gobernantes no es peor que el de otros países de nuestro entorno, desaprensivos los hay en todas partes, España no es una excepción, estos y otros mantras consoladores han intentado cubrir con una capa sedante de crema analgésica el dolor creciente de las articulaciones de un sistema que se desmorona.
Este domingo día 23 de abril se celebrarán en Francia las elecciones presidenciales. No es necesario decir que el centro del debate está en la posible victoria, al menos en la primera vuelta, del Frente Nacional de Marine Le Pen. Esta victoria sería muy celebrada por todos los partidarios del regreso a los Estados nacionales europeos, del cierre de fronteras ante la inmigración masiva y en definitiva de todos aquellos que son calificados como extremistas de derecha.
En su provinciano juego de sobreentendidos, el independentismo ha llegado a creerse que España es un país de inútiles al que el mundo desprecia tanto como ellos. La visita de Puigdemont a Carter se vendió como la astucia de una inteligencia superior capaz de burlar a la diplomacia española, con el resultado de dos congresistas durmiendo la mona y el presidente Carter y la embajada de los Estados Unidos desentendiéndose de cualquier complicidad con el secesionismo y reafirmando su compromiso con una España «unida y fuerte».
El "proceso" puesto en marcha por los separatistas catalanes, término de reveladoras resonancias kafkianas, necesita para su éxito de apoyo exterior. Dado que un nuevo Estado independiente desgajado de España en la esquina nororiental de la Península Ibérica nacería fuera de Naciones Unidas, de la Unión Europea, de la OTAN, de la OSCE, del Consejo de Europa, de la OMC y de todos aquellos foros económicos y políticos del planeta que hacen que los países que en ellos figuran cuenten para algo, sea mucho o poco, su primera tarea sería conseguir reconocimiento por parte de la comunidad internacional. Tras su secesión unilateral, inconstitucional e ilegal de la Nación soberana a la que lleva perteneciendo cinco siglos, la República Catalana dirigida por un extraño grupo de corruptos, indocumentados y okupas tendría que hacer frente a dos problemas graves y acuciantes: su insolvencia financiera y su condición de paria sin techo a la luz del Derecho que rige las relaciones entre Estados. Conscientes de ese segundo obstáculo a su soñada independencia, los jerarcas de la Generalitat andan por el mundo buscando desesperadamente quién les haga caso y les preste un mínimo de legitimidad. En cuanto al primero, lo superan con la inteligente táctica del avestruz negando su existencia.
No sé si hemos estado acertados pidiendo en Las Cortes que los gobiernos socialistas y del PP, pidan perdón por el bombardeo de Gernika, porque además no lo harán, aunque una vivencia de éstas la tuve con el embajador alemán en MadridGuido Brunner y lo que parecía imposible, cambió con el tiempo.
Ni un palmo limpio, esa es la mejor definición de la clase política, empresarial y social en España. Robar en este país sale barato cuánto más arriba y mejor conectado con las altas esferas estás.