Lo que sucedió en el Comité Federal del PSOE del 1 de octubre ya es conocido por toda la sociedad. Una serie de traiciones, mentiras, conspiraciones y puñaladas propias de una telenovela de las 4 de la tarde. Una operación diseñada para derrocar al secretario general que, guste o no, fue elegido por el 50% de los militantes frente a otros dos candidatos, en 2014. Un secretario general que se presentó a las elecciones prometiendo votar NO a Rajoy, decisión acordada en el propio Comité Federal. Ese NO a Rajoy fue un arma para atacar a Pedro, sí, atacar a un político por no engañar a la gente. El mundo al revés.
Ya escribió Arturo Pérez-Reverte la deriva de la imbecilidad en España en "El cáncer de la gilipollez", y aquí seguimos, sin que nadie reaccione. Al contrario, se sigue fomentando y cultivando, por eso no es de extrañar que los imbéciles proliferen cada día más.
La mayor parte del discurso feminista actual se basa en falsedades manifiestas. Como por ejemplo cuando dicen o creen representar a las mujeres. En realidad, las feministas sólo se representan a sí mismas, en el mundo europeo y no europeo hay millones y millones de mujeres que no solamente no se sienten representadas, sino que lo rechazan conscientemente. Del mismo modo que los comunistas sólo representan al comunismo, y además en variantes diferentes, y no a la clase trabajadora.
El tono de la derecha es el pastel. Da igual el color mientras sea pasteloso. La derecha es indoor, acolchadita y pastel. Las estridencias siempre fueron revolucionarias y los revolucionarios nos lo roban todo.
La política es el arte de lo posible y de hacer posible lo necesario. Con 137 escaños por parte del PP, partido de gobierno que nos había silenciado en la anterior legislatura de mayoría absoluta, la oportunidad se le ha presentado al PNV que ha querido aprovechar la coyuntura para sacar adelante lo más posible de su programa y desatascar todo lo concerniente al Concierto Económico y al Cupo.
Ernest Renan en su célebre ensayo "¿Qué es una Nación?", escrito en 1882 bajo la influencia lacerante de la apropiación de las regiones francesas de Alsacia y Lorena por Prusia tras la derrota de Napoleón III en la batalla de Sedán, introdujo la a partir de entonces consagrada distinción entre "nación política" y "nación cultural". En su discurso hizo una observación de gran agudeza que siempre que ha sido ignorada ha provocado grandes daños cuando no tragedias a las sociedades que han incurrido en este error. Se trata de la idea de que las naciones, que se construyen a lo largo de los siglos por una serie de acontecimientos y circunstancias que acaban cristalizando en un conjunto de recuerdos comunes, también requieren para su cohesión y perdurabilidad un cierto grado inteligentemente administrado de olvido. El gran pensador francés legó a la ciencia política y a la comprensión de los fenómenos colectivos una paradoja tan iluminadora como cierta: la unidad nacional, es decir, la capacidad de millones de seres humanos que comparten un pasado para vivir juntos en paz, igualdad y justicia, organizar su presente y preparar su futuro en común, necesita que exista un acuerdo cívico en virtud del cual parte de este acervo pretérito quede borrado de la conciencia popular o, por lo menos, se fragüe un pacto tácito para que ciertos episodios ya sucedidos y, por tanto, irreversibles, queden fuera del debate político y no se utilicen jamás como motivo de enfrentamiento, de rencor o de reproche.
A nadie asombra ya que las actuaciones del Ministerio Público en temas que afectan a políticos, sector financiero y organizaciones o agentes sociales, causan no solo estupor, sino que han producido un gran desprestigio de una figura fundamental y esencial en un Estado de Derecho.