Salir del armario ya no está de moda

Define el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua el término homosexualidad como la "Inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo". A día de hoy, cuando ya los cánones de la normalidad y conducta de nuestros vínculos afectivos parecen pertenecer al más caduco y postergado de los manuales de relaciones interpersonales de nuestros abuelos, y en los que se ha reglado la desviación sexual como una virtud en sí misma, es curioso adentrarnos y profundizar en la habilidad para evolucionar del cerebro humano y su capacidad para poder ir más allá en las más lúgubres y oscuras tendencias en la correlación con sus congéneres.

Apuestas Deportivas

Hoy, ya no quedan armarios que descubrir en esta salida masiva alentada por tierra, mar y aire de los últimos tiempos. En nuestros días, ya nadie tiene que vivir (afortunadamente) sus inclinaciones sexuales sumido en la penumbra, oculto y atenazado por el "qué dirán", por miedo a romper el esquema familiar o mantener la posición idónea en la escala social. En pleno siglo XXI, ser homosexual se ha normalizado a tan basto punto que, en ocasiones, parece que sea una tendencia más extendida incluso que la inducida propiamente por la madre naturaleza.

Pero el ser humano siempre necesita más, sediento por recrear y prescribir nuevos impulsos para retro alimentarse en sus relaciones más íntimas. Cansados, hastiados en ocasiones de la facilidad con la que en nuestras noches de alcoba se van sucediendo los acontecimientos, buscamos sumirnos de nuevo en el más allá, sortear en las penumbras de la indiscreción, vivir nuevamente en el filo de la navaja del lado más oscuro de nuestra sexualidad.

resenas-de-casinos

A día de hoy, definitivamente, ya todo vale. La mezcla explosiva de sexo, drogas y rock and roll con la que hacían enrojecer a nuestros padres en los años 60 parece ya casi casi un juego de cabecera relegado en las modernas guarderías. El ser humano ha llevado tal escala y ha llegado tan lejos en el terreno de las relaciones íntimas personales que parece que, por una vez, ni tan siquiera en depende que situaciones, tres sean multitud. Hay tantas y tan variadas prácticas concubinales que dejarían escueta a la más extensa y documentada de nuestras enciclopedias.

En las noches del siglo XXI, ya nadie se escandaliza por ser gay, ya nadie se enrojece por reconocer ni mostrarse en depende que ceras de enfrente ni abrirse a sus más bajos instintos en según que locales. Hoy, lo que se lleva en el filo que separa nuestra cara pública de los secretos de alcoba es el bondage, el voyeurismo, el froteurismo, los más variados fetichismos o las más abominables prácticas de recreación masoquística. Que te aten, que te asfixien con la almohada, que te azoten con un látigo de cuero... en las noches de nuestros días, a nadie ya envilece el sentirse atraído por alguien del mismo sexo si no hay cadenas y fustas de por medio. La perversión, la elucubración, el oscurantismo más vil no entiende ya de clases sociales ni de niveles culturales. Ni tan siquiera de posiciones públicas ni de postulados económicos. El lado oscuro, desde la noche de los tiempos, siempre ha atraído y alentado los más bajos instintos de todo ser humano.

sugar-daddy

En nuestros días, ya cualquiera es susceptible y candidato a poder substituir la corbata de las mañanas por las esposas de madrugada. Hoy por hoy, los más respetables y cacareados profesionales de nuestras sociedades mudan de chaqueta con la misma facilidad con que se suben y arremolinan las medias de rejilla a medianoche. La mal mirada pluma de antaño ha dejado lugar en las catacumbas de la moralidad humana a los látigos y a las máscaras de cuero. Hoy, con la misma facilidad y habilidad con que empuñan la pluma algunos profesionales de nuestro periodismo político más mordaz, con la misma frialdad con que se permiten dar lecciones de ética y de moralidad a nuestros dirigentes y personajes públicos, son capaces de apretarse el corsé en nuestras más frías noches de invierno.

El día que según que sábanas hablen, la noche que según que sujetos decidan por fin afilar (metafóricamente) la lengua en público y tirar del hilo sin tapujos ni medias tintas, a más de uno le van a entrar ganas de desaparecer y perderse por siempre jamás en la más absoluta de las penumbras para asfixiarse de heces en la más perdida y remota de las catacumbas de nuestra moralidad. Los armarios, en pleno siglo XXI, han dejado de estar de moda. Hoy, el director de cualquier medio de comunicación digital, guarda una máscara de cuero en su alcoba.