Paseando el otro día delante del Palau de la Generalitat, vi que en el balcón no había pancarta reivindicativa alguna. Luego reparé en que el viento la debía haber retirado hacia dentro. Mientras tanto, varios individuos han sido detenidos por estar preparando presuntamente atentados terroristas para el mes de octubre. Todo en Cataluña me sigue pareciendo un despropósito digno de una comedia de enredo o, mejor incluso, de un patio de colegio poco vigilado…
No suele gustarme que me digan lo que tengo que hacer y mucho menos lo que tengo que votar. Cuando la maquinaria electoral se pone en marcha, de forma simultánea, lo hacen los medios de comunicación, se ponen también a trabajar a favor de obra y de aquellos a los que sirven. Dejan de ser medios independientes, si es que alguna vez lo fueron, y se convierten en los órganos de expresión de las organizaciones políticas. Esta ocasión, tampoco iba a ser una excepción a lo que de forma continuada se lleva produciendo durante los últimos 30 años.
Si fuera médico, que no lo soy, y Cataluña un enfermo, imaginario, real o terminal, más bien terminal, diría que la situación está igual o peor que hace dos años, cuando el huido expresidente de la Generalidad proclamó la independencia…, para suspenderla a continuación.
No es memoria histórica, es odio socialista en 2019 hacia quien truncó los planes del PSOE en 1934 y en 1936. El objetivo del Partido Socialista Obrero Español en aquella época era liquidar la II República, acabar con la democracia, y sustituirla por una dictadura marxista leninista como la que ya imperaba en la URSS de Stalin. Esto podrá gustar más o menos a los socialistas españoles actuales y a la progresía en general, pero así fue y así hay que recordarlo. El PSOE lo intentó con el golpe de estado de octubre de 1934, pero tanto el presidente de la II República como el presidente del Gobierno, los republicanos Niceto Alcalá Zamora y Alejandro Lerroux (este último también ministro de Guerra), encomendaron al General de División Francisco Franco el aplastamiento del golpe de estado socialista. El General de División, máximo nivel en el escalafón militar de aquella época pues en la II República se suprimió el empleo de Teniente General, fue eficiente y abortó el bastardo intento del PSOE; la II República pudo continuar porque Franco evitó que la izquierda se la cargara. Los socialistas lo volvieron a intentar en 1936 con una estrategia menos puntual, comenzando por acceder al poder de manera fraudulenta en febrero, manipulando los resultados electorales. Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, en la campaña de las elecciones generales dijo: “La clase obrera debe adueñarse del poder político convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución.” Este insigne dirigente del PSOE estuvo detrás de la brutal desestabilización que perseguían los cientos de asesinatos cometidos por el Frente Popular en la primavera de 1936.
No es broma lo de resucitar porque más que nunca y más que nadie ha resucitado el fantasma del odio, de las dos Españas pero por mucho que profane tumbas la Historia de España con mayúsculas está ahí y parecen querer reproducirla en la actualidad.
España es un Estado fallido con un presente hipotecado y un futuro inviable. Los hechos irrefutables son que tenemos una deuda de 1,2 billones de euros que no para de aumentar, un déficit presupuestario del 3% del PIB y creciendo, un PIB en caída, una tasa de paro del 14% y aumentando, y la creación de empleo desplomándose. Somos la única democracia en el mundo que ha tenido 4 elecciones generales en 4 años, no tenemos presupuestos generales ni objetivos claros que perseguir. Sufrimos intentos de golpes de estado por parte de nuestras propias instituciones y ejercemos un infinito buenismo hacia quienes nos invaden con violencia. El sistema de Seguridad Social está en quiebra y las pensiones son insostenibles, no siendo impedimento estos dos hechos para que el presidente en funciones, y sin control parlamentario alguno, anuncie que España va a aportar 150 millones de euros al Fondo Verde de la ONU, con la misma frivolidad y unilateralidad con la que utiliza el Falcon para ir a bodas de familiares. ¿De qué partidas presupuestarias, si no hay presupuesto; con quién ha acordado ese gasto; por qué 150 y no 200 ó 300 millones? Nos estamos acostumbrando a que el plagiador se pasee por el mundo postureando con nuestro dinero, con nuestro presente y con nuestro futuro.