Ha pasado casi inadvertido para la opinión pública, o por lo menos la publicada, pero en el proceso contra el que suscribe, Miguel Bernad Remón, y de refilón el sindicato Manos Limpias, -aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid-, el juez Pedraz y el fiscal Daniel Campos, admitieron la personación, ejercitando la acción popular, del partido político Podemos.
La nota de ETA es relevante. Y para mí una sorpresa algunas de las expresiones utilizadas. No lo hizo ETAPM cuando se disolvió que ni se preocupó de las víctimas. Este comunicado lo hace pero es parcial con ellas. Este es el error del comunicado, pero que ahora en 2018 pidan perdón, hablen de las víctimas, aunque no de todas, y dicen que no se volverá a repetir la lucha armada, es importante. Muy importante.
Hace pocos días han aparecido dos cadáveres en un garaje en Priego de Córdoba y la sospecha es que no hubo intervención de una tercera persona. José Luis, G.B.Y., de 43 años y y Juan Alberto R.R., de 24 años y de Lucena.
En el barrio de la Barceloneta, en Barcelona, ha sido cambiado el nombre de la calle “Almirall Cervera” por el de “Pepe Rubianes”. La actual Alcalde de Barcelona, Ada Colau, lo ha celebrado diciendo que era una buena cosa quitarle la calle a un “facha”. Si bien es evidente que la expresión coloquial “facha” hace alusión a personas relacionadas o que se quiere relacionar con el fascismo (nacido en 1919), y que por lo tanto históricamente era falso atribuir esa faceta al Almirante Cervera, fallecido en 1909, el actual teniente de alcalde, el hispano-argentino Gerardo Pisarello, se ha apresurado a defender dicha calificación:
Nunca se me ocurrió mirar el currículo de nadie y con cinco minutos de entrevista solía bastarme para saber si me convenía contratarle. Nunca se me ha ocurrido presumir de los títulos académicos que no tengo, ni siquiera tenerlos para presumir de ellos. Me parece de narcisistas inseguros necesitar los títulos para acreditar la propia valía. Algo así como el implante que se hizo Rivera para seguir pareciendo hermoso y hacerse el homologado para el siglo XXI.
A los partidarios de la sociedad abierta nos gusta más Iñigo Errejón que Pablo Iglesias, de la misma forma que si nos viésemos obligados a dar, acompañados por una joven proclive al colectivismo, un paseo romántico por El Retiro al atardecer, preferiríamos hacerlo con Rita Maestre que con Irene Montero. Seguramente el motivo de tal inclinación responde a que Errejón y su musa nos parecen en términos estéticos más aseados y a que intuimos, quizá ingenuamente, que si Errejón llegase al poder para no soltarlo nunca más, como es propio de los adscritos a su ideología, se conformaría con desterrarnos o reeducarnos sin recurrir a métodos dolorosos, mientras que hemos recibido inquietantes señales de que Iglesias nos enviaría al Gulag o directamente al paredón. La verdad es que estas impresiones no deben hacernos olvidar que ambos son decididos partidarios de medidas tan razonables como la supresión de la enseñanza concertada, la salida de España de la Unión Europea y del euro y la nacionalización de la banca, la energía y todo lo que se mueva.
Creo que Cristina Cifuentes dimitirá antes de que se celebre la moción de censura y pondrán en su puesto a alguien para cubrir el trámite hasta las elecciones de dentro de un año, vamos, una solución a la murciana. De hecho, supongo que la Cifuentes ya habrá recibido de parte de Rajoy el clásico mensaje de “Cristina sé fuerte” antes de dejarla a los pies de los caballos, quizás haya sido en ese beso tan fotogénico que se han dado en la Convención de Sevilla. Todo esto siendo bien pensado e incluso ingenuo y no haciendo caso a esas múltiples voces que dicen que esto es una nueva guerra interna entre las distintas familias que componen la mafia pepera. Puestos a elegir, a mí me agradaría que hubiera moción de censura para que se retrate Ciudadanos, único partido que puede llegar al poder sin haber gobernado nunca jamás en ningún sitio, y que tuviera que mojarse apoyando al PSOE y Podemos ante sus posibles electores que están a punto de votar algo completamente contrario de lo que les gustaría votar.