Suárez, el “If” de Kipling

Durante años mantuve en mi conciencia cierto resquemor y profundo rechazo por Adolfo Suárez. Por haber "traicionado" un régimen en el que realizó su carrera política, dirigió TVE y en el que fue ministro Secretario General del Movimiento. Por haber traicionado su juramento, como el rey, de cumplir su cargo con "estricta fidelidad a los principios del movimiento y leyes fundamentales del reino". Por haber dado paso a una "Transición" que permitió la legalización del Partido Comunista y la Amnistía del 77. Por haber dado paso a una partidocracia, representación máxima de una pseudodemocracia donde el pueblo sigue explotado, el trabajador marginado y en precario, el ciudadano desamparado, y los derechos sociales siguen siendo papel mojado. Por haber introducido, a través de los Pactos de la Moncloa, el principio de la contratación temporal, para dar paso a la basura de compra venta de trabajo que ahora tenemos. Por habernos perseguido a los jóvenes (adolescentes, en mi caso) que comenzábamos a militar en política defendiendo los principios que Suarez, y el rey, traicionaron tras jurarlos. Por haber sacado por la puerta de atrás a las víctimas del terrorismo tras ser asesinados en brutales atentados para "no provocar" y no crear mayor "alarma social"...
Sin embargo, con el paso del tiempo, tras un análisis sosegado y profundo, obviando viejas visceralidades irracionales, es preciso hacer un balance más equilibrado, más justo.
Suárez era un hombre del régimen, es verdad, pero declarado abiertamente reformista ¿Cuál era la alternativa que tenía?¿Perpetuar ad eternum un régimen político fenecido, en el que las libertades (de expresión, de manifestación, de asociación, de religión, de elección, etc.) estaban proscritas? ¿Continuar con un régimen caciquil vendido a los altos intereses de la banca , la Iglesia y los terratenientes? ¿Perpetuar un RÉGIMEN USURPADOR que se apropió de la simbología y retórica de la falange, prostituyéndola, y utilizándola para "reinstaurar una mediocridad burguesa conservadora (de la que España ha conocido tan largas muestras), orlada, para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules"?
Evidentemente, no. Suarez, no rompió con el viejo régimen franquista, lo reformó, y esa es su mayor traición. Porque conservó intactas las estructuras de poder de la oligarquía financiera y terrateniente, a costa del pueblo, y mantuvo lealtad a un rey desleal y felón que lejos de implicar la estabilidad de la nación, se dedicó a enriquecerse a su costa y a perpetuar su dinastía en vez de haber dado paso a un sistema verdaderamente representativo como es la República.
Suárez pudo representar para España lo que la Segunda República cuando advino. Y ambos defraudaron esa inmejorable ocasión para poder haber llevado a cabo la auténtica revolución que hace siglos tenemos pendiente en España: la que devuelva la propiedad de los medios de producción a los trabajadores; la que nacionalice, de verdad, la banca y los grandes servicios públicos poniéndolos al servicio de los trabajadores; la que instaure un régimen verdaderamente democrático basado en la representación directa, a través del municipio y el sindicato, autogestionados desde la base hasta la cúpula; la que hubiera realizado una verdadera Reforma Agraria expropiando, sin compensación alguna, a los grandes terratenientes y forzando el acceso de los agricultores a la tierra que trabajan; articulando un sistema de descentralización administrativa, con base en el municipio, libremente federado, y con techo en las comunidades históricas de los Austrias, no instalando 17 miniestados igualmente centralizados al servicio de las oligarquías feudales y caciquiles de cada Autonomía; convocando unas cortes constituyentes, representativas del pueblo soberano, que hubieran sido las apropiadas para llevar a cabo una Constitución realmente válida, y no la que consensuaron entre 7 oligarcas; para haber rescatado la soberanía nacional, libre de injerencias extranjeras, políticas y económicas. De aquéllos polvos vienen estos lodos.
Suárez pudo implicar un verdadero inicio de un período de esperanza y prosperidad para todos. Sin embargo, admito que no era fácil. Al menos no era fácil sin provocar otro enfrentamiento fratricida que Suárez, como José Antonio, quiso impedir a toda costa. Y es evidente que sin la legalización de todos los partidos políticos, incluido el PCE, sin eliminar cualquier restricción política, legalizar los sindicatos y hacer borrón y cuenta nueva con los presos políticos (la amnistía del 77), cualquier apertura del régimen hubiera sido inviable.
Como José Antonio, Suárez se propuso la reconciliación de las dos Españas, pero la cerró en falso, mediante un parche con fecha de caducidad. Sin embargo, valoro y admiro su buena fe y la valentía de intentarlo. Tampoco se le conocieron corrupciones, lo cual es digno de admirar, y no se puede decir de casi ninguno de los otros presidentes, ni centrales ni autonómicos.
Suárez, como José Antonio, admiraba el "If" de Kipling. Por algo será...
Ricardo Sáenz de Ynestrillas












