¡Romper las cadenas!

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Este 11 de Septiembre se celebra en Cataluña la Diada. Según la particular reescritura de la Historia por parte de los dirigentes separatistas catalanes, se conmemora hoy, con dolor, nostalgia y llanto, la caída de la ciudad de Barcelona en la "guerra que mantuvo Cataluña contra España" y que terminó en 1714... Todo mentira.

El 11 de septiembre de 1714 cae Barcelona, es cierto, como el último reducto de resistencia española austracista frente a los partidarios de los borbones. La guerra de Sucesión se desarrolló en el plano internacional entre Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos, Prusia y la mayoría de los estados alemanes y algo después, el reino de Portugal y el Ducado de Saboya, por un lado, y Francia por el otro, y se convirtió, ya en España, en una cruenta guerra civil que la dividió en dos en función de si se apoyaba a la dinastía de la Casa de los Austrias o a la Casa de los Borbones. Los habitantes del valle de Arán, Cervera y Vic, por ejemplo, secundaron a los borbones. Y en Madrid (¡qué paradoja!), Toledo y Alcalá de Henares se luchó, como en Barcelona, a favor de la causa austracista.

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Existe, sí, jurídicamente en derecho Internacional, el derecho de autodeterminación de los pueblos, establecido como un pre-derecho humano de carácter colectivo y como un derecho de todos los pueblos (Resolución AG 2625(XXV) de 1970) considerando, eso sí, que el derecho de un pueblo a decidir termina donde empieza, por ejemplo, el principio de integridad territorial del Estado (en casos como éste donde no existe la dominación colonial o extranjera) y el principio de soberanía. Pero existen más derechos en conflicto que los que exhibe el independentismo catalán: resulta que algunos de los representantes políticos del histórico principado de Cataluña pretenden anexionarse por las bravas a los territorios correspondientes a los antiguos reinos de Aragón, el de Valencia y el de Mallorca. Y cabe preguntarse si el derecho a decidir que tanto reclaman tienen derecho a ejercerlo los habitantes de todas esas otras zonas de España. ¿Qué ocurrirá con esos ciudadanos si no tienen nada que decidir o si lo que deciden no tiene nada que ver con lo que, absurdamente y sobre la base de una falacia histórica, proponen los dirigentes independententistas catalanes? ¿qué ocurre con los catalanes que viven y trabajan en Cataluña que no quieres independizarse del resto? ¿ y con los catalanes que vivan en el resto de España, o del mundo y tampoco quieran que su tierra se desgaje del resto de España? ¿y el resto de los españoles que, sin ser catalanes, viven, trabajan, producen y pagan sus impuestos en Cataluña? ¿decidirán sobre el futuro de Cataluña árabes, latinos y otros extranjeros que circulen de paso por Cataluña?

Bien está el derecho a decidir y el derecho de autodeterminación de las personas y de los pueblos, pero estos no pueden convertirse en una excusa para la imposición y la represión de los demás vecinos, de los que piensen distinto o de los que sean minoría, o más débiles siendo mayoría (como valencianos o aragoneses o mallorquines o catalanes no independentistas, por poner un ejemplo) ni tampoco al resto de los catalanes y habitantes fijos de Cataluña. La cuestión es esta: ¿dónde empieza y termina el ámbito para decidir? Y ese "dónde empieza" se refiere tanto por arriba (España, Aragón, Valencia, Baleares, etc.) como por debajo (Barcelona, Sant Boi, Valle de Arán, Vic, etc.) Es decir, el derecho a decidir que exigen los independentistas para Cataluña (o sus imaginarios Paisos Catalans) ¿van a respetarlo con el resto de los miembros de la comunidad que, sin ningún fundamento racional, pretenden anexionarse? Y, del mismo modo, ¿van a respetar el "derecho a decidir" de las localidades comarcales o de pueblos o ciudades más pequeñas si exigen también este derecho?

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Éste, a mi juicio, es el quid de la cuestión. Porque no vale todo ni de cualquier manera. Y una vez sentadas las bases y los criterios del votante plebiscitario del referéndum por la independencia de una forma razonada y plausible, que se pueda cumplir con justicia y equidad para todas las personas interesadas y afectadas por el resultado, no veo ningún inconveniente en realizarlo. Sin carácter vinculante porque la ley impide que lo tenga. Pero su resultado, correcta y exactamente planteado, suministraría una valiosísima información a la hora de plantear la superación de los problemas reales, que existen, a la hora de articular el mejor modelo de Estado. Y, en este asunto, mi propuesta es tender a la abolición de la monarquía y la apertura de un período constituyente que nos permitiera dotarnos de una nueva Constitución que amparase una República Federal que armonizase los destinos de cada uno de sus estados (volviendo a los antiguos e históricos reinos de la España de los Austrias) en el proyecto común nacional que debería de ser España, y que hoy no existe.

Porque España o es un proyecto común que hermane pueblos, hombres y voluntades o no debe ser.

Romper las cadenas de la esclavitud y de la represión es lo que pretenden todos los pactos y tratados internacionales que recogen derechos civiles y políticos para los ciudadanos: derecho a decidir, derecho de autodeterminación, igualdad, integración, libertad... Pero cuidado, el sentimiento que mueven los dirigentes políticos independentistas es romántico, emocional, irracional, que alude al corazón y que remueve los más primarios instintos: la insolidaridad, el egoísmo, la indiferencia, la segregación, el racismo y la xenofobia. Es justo lo contrario. No hay diferencia alguna entre el romanticismo irracional de españolistas y el de catalanistas. Entre el de los nacional socialistas de la Alemania de Hitler y el de estos otros pancatalanistas que aspiran a anexionarse territorios vecinos por las mismas razones que aquéllos lo hicieran para la Gran Alemania. Lo paradójico del asunto es que esos mismos políticos que mueven ese sentimiento romántico e irracional en sus seguidores, tienen perfectamente planeado, deliberadamente, matemáticamente, siguiendo un riguroso clasicismo, los resultados que esos cambios reportarán a sus exclusivos bolsillos dirigentes.

Ricardo Sáenz de Ynestrillas - @RSYnestrillas - Artículo publicado en Sierra Norte Digital