Manipular el pasado mintiendo en el presente

Manipular el pasado es una tentación a la que no escapan algunos políticos de izquierdas debidamente asistidos por historiadores de cámara convenientemente recompensados desde el dinero que da el poder, ya que es una forma de dominar el presente. Jugar con los hechos pasados y el tiempo para predecir lo que será el futuro ya lo intentó Marx, y erró de forma evidente, tanto que Lenin lo corrigió para decir que la revolución no se espera, se provoca. La pretensión de crear leyes históricas no pasaba de ser la formulación de profecías sin más fundamento que una teoría a la que se aportan para su conformación los elementos que la corroboran, desdeñando de forma deliberada los que puedan cuestionarla. Frente a la necesidad de una sucesión para la noción de tiempo, merece la pena recordar aquello de que podemos (no el de Pablo Iglesias e Irene Montero) imaginar la sucesión sin sucesos, que transcurra sin que nada ocurra. Pedro Sánchez se ha rebelado frente a la autonomía del tiempo respecto de los acontecimientos, y ha llenado nuestro futuro de falsas promesas no creíbles. Lo cierto es que si se analizan sus augurios, lo que ha hecho, sin querer, ha sido advertirnos, ya que sus vientos totalitarios no han dejado de soplar. Se nos ha querido convencer que nuestra seguridad solo puede estar garantizada mediante un estado con amplias e ilimitadas esferas de dominio social : el sueño de Sánchez es un Estado intervencionista que tutele a la sociedad mediante el manejo de recursos económicos robados al contribuyente. No se conoce régimen en que la burocracia haya aportado prosperidad y mejores condiciones de vida a las personas, pero esa es la idea y la propuesta que desde la parte ahora más significativa de la izquierda, se hace.