Parecen militantes en vez de humoristas

Está mundialmente aceptado y a los hechos podemos remitirnos, que la prensa es el cuarto poder. Sin embargo, bien podríamos decir que existe un «quinto poder» y ese bien podría ser el humor. El poder humorístico ha hecho reír a millones de personas en todas las épocas, incluso ha llegado a vencer, en algunos momentos, la férrea censura de regímenes autoritarios, sorteando con mordaz e inteligentísimo sarcasmo lo limitado de las miras de la censura. Sin embargo, me da la sensación de que ahora el humor está muy escondido, y no quiero que se me malinterprete. Ahora existe humor, pero hay que buscarlo y no llega a las masas, ya que el humor de ahora se encuentra en programas que se emiten de madrugada, en podcast, en horarios imposibles y tiene un tinte underground y alternativo que no desprende encanto, y que yo, personalmente, considero que no es humor, porque sencillamente es eso, underground, y recuerdo a los apreciados lectores que el underground es un movimiento cultural (aunque de cultura tiene poca) surgido en la segunda mitad del siglo XX, que promueve manifestaciones artísticas marginales y contestatarias. También existe humor en sesiones de teatro o en locales de monólogos, pero ya no hay humor de masas, es decir, ya no hay un Tip y Coll, un Martes y Trece, un Gila, un Eugenio o un Gordo y el Flaco. Y sorprende, porque el panorama y el espectro político lo deja fácil con personajes esperpénticos que serían fácilmente parodiables. Pero lo que más me preocupa es algo que abomino : el «humor político». Sólo existen hoy en día humoristas de masas que hacen política, con un humor tendencioso y que parecen militantes en lugar de humoristas, ya que ocurre en muchos medios, pero es descarado en La Sexta o en la catalana TV3.