La llamada de los dioses rojos

El mundillo político de la izquierda, en cualquier lugar del mundo, supera la desmesura del realismo mágico. Nuestros políticos rojos nos han acostumbrado a oír mentiras más grandes que el Guadalquivir y el Ebro juntos, con lo que sus posturas no están comprometidas, ni ética ni moralmente. Ideológicamente, son tan cambiantes como el tiempo, un día pueden vestir de traje, chaleco y corbata, defender el libre mercado y al día siguiente, pueden desgarrar sus vestiduras, tirar la corbata, hacerse una coleta al mejor estilo progre, pregonar la utopía socialista, ser ateos furibundos, pueden arrodillarse ante el papa, lucir una cruz ortodoxa, ser luteranos o musulmanes, y después volver a ser, sin sonrojarse, los cruzados del libre mercado y la globalización. Pueden ser liberales, marxistas leninistas, antimperialistas, adoradores del Tío Sam, pueden decir que ser rico es malo y comprometer sus vidas por los pobres mientras acumulan grandes y espontáneas fortunas, y es que su modus vivendi siempre busca el lucro propio. Los políticos rojos abrazan todas las posturas, aunque se pregonen de izquierdas, es decir, su conducta es absolutamente cambiante. Observar, con mis ojos, las obsesivas propuestas de algunos debates, me han hecho recordar las horribles políticas de pasadas dictaduras del bando zurdo. Las propuestas e iniciativas de la izquierda política son como las asambleas del Partido Comunista soviético, cubano o chino, y que sirvieron para destruir el mundo y su normalidad, ya que su pretensión era sentir la llamada de los dioses rojos para convertirse en rectores de la historia, la peor historia de la humanidad. Todos sabemos que de estas asambleas comunistas sólo han surgido agitadores, entrenados para el debate diario, para engañar a las masas.