Crisis y Agenda 2030
Si la crisis del 2008 se intentó remediar apelando a la necesaria austeridad pública retornando a la senda del equilibrio presupuestario, la actual crisis, porque hay crisis aunque desde el poder se niegue, se enfoca apelando a la austeridad privada de las familias y empresas. Entre ambas crisis toma carta de naturaleza la Agenda 2030 con unos objetivos que se utilizan para confrontar a la humanidad con la naturaleza. El máximo exponente viene de la mano del cambio climático que crea una urgencia medioambiental que impone la necesidad de cortar de raíz las emisiones humanas de CO2. El razonamiento no puede ser más claro, el despegue capitalista iniciado con la Revolución Industrial incrementa exponencialmente el número de seres humanos hasta convertirlos en perniciosos para el medio natural. Así, es por ello que el nuevo feminismo aboga, no tanto por la igualdad entre mujeres y hombres, sino por considerar a ambos sexos como contrarios e incompatibles. El animalismo, por su parte, nos relata cómo cualquier otra especie está mejor enraizada en la madre tierra que nosotros mismos, y con esta narración, lo que podemos hacer los individuos para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 consiste en no reproducirnos. Para lo primero, como ya se ha comentado, se fomenta un tipo de feminismo que concibe a hombres y mujeres como enfrentados en una especie de lucha de clases, y para lo segundo, las empresas tecnológicas nos brindan la oportunidad de aprovechar mejor los recursos ya existentes y el consumo de bienes inmateriales. Con todos esos mimbres, los ritmos de crecimiento económico que hemos conocido en las últimas décadas probablemente no se volverán a alcanzar, puesto que, la austeridad privada se irá acentuando en el tiempo. Ahora bien, el gran peligro del decrecimiento siempre ha sido que, al convertir a la economía en un juego de suma cero, incrementa las posibilidades de estallidos de conflictos sociales que, en el margen, pueden llegar a ser bélicos.













