Don Trump
Una de las mejores películas del siglo XX y de todos los tiempos es, sin duda alguna, “El Padrino” (1972). Está basada muy fielmente en una novela que retrata el funcionamiento y la mentalidad de los mafiosos, específicamente sicilianos. Pues resulta que esta película me vino a la cabeza tras las primeras horas del ataque yankee-sionista a Irán.
“Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar”
Lo que sucedió en Venezuela no mucho tiempo atrás fue ya sintomático. El presidente Maduro fue secuestrado por marines y actualmente está encarcelado en EEUU. Automáticamente, el régimen chavista, a pesar de todos los discursos y aspavientos, se avino a obedecer al nuevo amo, a cambio de no tocar nada más. El petróleo sale, aunque la cacareada democracia no entre. Ya que les hizo una oferta que no podían rechazar: “o hacen lo que se les dice, o los próximos serán ustedes”. Y no la pudieron rechazar.
Tal como en la película, cuando un mafioso topa con la negativa de Don Corleone para colaborar en el negocio del tráfico de drogas, ve en un comentario de Sonny, su hijo mayor, una brecha: si elimino al jefe, su sucesor tal vez sí quiera hacer negocios conmigo, porque…
“No es personal, Sonny. Son estrictamente negocios”
Así que en Irán simplemente han elegido una táctica similar, con la variante de la eliminación física del Líder Supremo y varios altos cargos del régimen. Pero Irán no es Venezuela (ni Trump es Clausewitz), porque el régimen y el país iraní es muy diferente. Cree el ladrón que todos son de su condición, y eso quiere decir que Trump cree realmente que todo el mundo tiene un precio y que, si se hace la presión suficiente, se puede hacer ceder a quien sea. Lo que no ha tenido en cuenta es que Irán, como Ucrania, es una línea roja situada en Eurasia, continente que ni Rusia ni China van a dejar que sea otro patio trasero americano.
Por eso una de las cosas que está haciendo Irán es atacar en los países de su alrededor, haciéndoles ver que tienen mucho que perder si siguen siendo peones de los EEUU, o al menos colaboradores necesarios. Van a tener que elegir. Las monarquías corruptas del mundo árabe van a tener que elegir entre su permanencia o sus negocios.
“La política y el crimen son lo mismo”
Trump no intervino en ninguna guerra exterior en los cuatro años de su primer mandato y se dedicó a la política interior. Hizo MAGA y por eso fue reelegido. En un año de su segundo mandato ha bombardeado a siete países (Yemen, Venezuela, Siria, Somalia, Nigeria, Irak e Irán), contradiciendo flagrantemente sus promesas electorales. Muchos se preguntan qué ha sucedido y si acaso tiene algo que ver el caso Epstein.
Si la conclusión más sencilla es que nos gobierna una mafia, siendo el planeta el simple escenario de las luchas de poder entre varias familias… Que lo que hemos llamado el Derecho Internacional no es más que papel mojado que no afecta a los realmente poderosos… Que todo se reduce a lo que le dice Michael a su novia: “Mi padre no es diferente de ningún otro hombre poderoso... como un senador o un presidente”, entonces la política internacional llega a su último estadio: la mafia pasa a ser el resultado y ya no el residuo del actual sistema económico.
Antes yo ya había alabado en otro artículo de MEDITERRÁNEO DIGITAL (Gracias Sr Trump) la sinceridad de Trump al respecto: “Trump así lo reconoce: somos los amos porque somos los más fuertes y somos los más fuertes porque somos los amos, y lo demostramos además”, pero veo que me quedé corto.
“El poder agota a los que no lo tienen”
Antaño no solamente había una coartada civilizacional cuando se invadía un territorio: además se creaban infraestructuras (carreteras, hospitales, escuelas, viviendas, etc.) para dominar y explotar mejor el territorio y, eventualmente, incluso integrar a la población autóctona en la nueva situación. Y no solo eso: en los países colonialistas, la población en general podía recibir y tener oportunidades de disfrutar de los frutos y beneficios de esa colonización. Al recibir todo el mundo una parte, incluso el imperialismo era democrático.
Ahora no: ahora simplemente se destruye a un país y solo hay reconstrucción si ese país se endeuda eternamente; la población, o es exterminada o es apartada de cualquier beneficio; y ahora, la población de los países regentados por la élite occidental no ven, ni tocan, ni saborean ninguna ventaja, más allá de verse invadidos por oleadas de refugiados y ser odiados por medio mundo.
Tal como la familia de Don Corleone vivía en Long Beach, en un conjunto de casas bien protegido, las familias de los que gobiernan Occidente viven en lugares donde no llega ninguna consecuencia de sus acciones. Allí seguirán con sus reuniones, sus rituales y la satisfacción de ser grandes hombres de negocios.













