Tal como decía el célebre científico Albert Einstein, "el nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad", algo muy distinto a lo que es el patriotismo, que es el verdadero amor a la patria, en mi caso, a la nación española. Algo muy normal en cualquier Estado moderno, pero que en ocasiones se tergiversa por parte de los separatistas.
Cataluña vive en un estado de excepcionalidad casi permanente. La gente ya se está acostumbrando a la anormalidad democrática. El "procés" separatista no solo sirve para dividir a la sociedad catalana y saltarse las leyes de un Estado Democrático y de Derecho, sino que también se ha llevado por delante a miles de empresas a su paso, y pese a que ahora nos encontramos en una aparente legalidad a raíz de aplicar un artículo 155 moderado, ya que es cierto que nadie se salta la Ley. Pero este panorama de crisis, ocurre mientras se ha iniciado la campaña electoral para la cita electoral del 21-D, unas votaciones marcadas por la controversia y el sufrimiento, y que contarán con golpistas en la cárcel y el líder de los separatistas, Carles Puigdemont a la fuga por la Unión Europea con otros cuatro ex consejeros, mientras al mismo tiempo han salido de la prisión algunos miembros cesados del ex gobierno golpista, al pagar una fianza de 100.000€ al Estado Español.
Venezuela sigue en una tremenda crisis política, social y económica. Sin una respuesta todavía contundente para atajar los problemas reales de los venezolanos, que son muchos. Pobreza, escasez de recursos y alimentos básicos, inseguridad total, ataques continuos a la oposición venezolana, presos políticos, censura a los medios de comunicación y periodistas encarcelados, eso es hoy la Venezuela de Nicolás Maduro. Un país muy rico en muchos sentidos, pero que sin embargo cuenta con un gobierno corrupto y que no representa a la mayoría del pueblo venezolano.
Cataluña sigue empeorando su situación. Es de extrema gravedad y sin precedentes recientes. Nuevos datos económicos que han derivado del "procés separatista", revelan que 2.471 empresas se han marchado de la comunidad, y 1.000 de ellas han trasladado su sede fiscal. Además se pierden 40 autónomos al día y se ha conseguido ser la región española donde más sube el paro.
El gobierno catalán de Carles Puigdemont no ha ido a la cárcel por sus ideas, sino por ser acusado por la jueza Lamela con medidas cautelares de golpista, malversación de caudales públicos y pasarse las leyes por el arco del triunfo. Nadie debe estar por encima de la ley, nadie. Así que debemos acatar las sentencias de los tribunales, porque de otro modo la situación podría agravarse en un contexto mucho más crítico, que podría derivar en el reino del caos a nivel estatal. No olvidemos que todo ciudadano ya sabe a lo que se tiene cuando incumple las normas del Estado de Derecho. Además, estos consejeros han aprovechado su posición para encima dividir a la sociedad catalana y también a los española en menor medida, algo de muy mal gobernante, y que precisamente se hacía con el objetivo de conseguir la independencia unilateral de Cataluña, exponiendo a los catalanes de igual modo que hizo Lluís Companys en el año 1934, aunque ahora estemos en el 2017.
La realidad catalana es más compleja de lo que parece, pensar que esto se arreglará en poco tiempo es prácticamente una utopía, porque llevará una temporada y no será una tarea precisamente de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre.
Es verdaderamente aberrante, escuchar, ver y leer como el separatismo catalán trata a Jordi Cuixart y Jordi Sánchez de presos políticos, cuando realmente han sido acusados de un delito de sedición por un tribunal totalmente democrático y transparente.