Sarah Santaolalla afirma que no folla por culpa de la UDEF

En el ecosistema audiovisual patrio, la frontera entre la información, el activismo y el puro espectáculo resulta cada vez más tenue. Un claro ejemplo de esta convergencia lo encarna Sarah Santaolalla, la tertuliana que en los últimos meses ha monopolizado no pocas escaletas de la radiotelevisión pública. En una extensa entrevista concedida al diario El Mundo, la colaboradora desglosa su peculiar visión del debate político español, analiza los costes de la exposición mediática y se confiesa exhausta, hasta el punto de asegurar que el ritmo frenético de las investigaciones judiciales le está pasando factura en su intimidad: "Tanto informe de la UDEF de mil páginas me quita horas de terapia sexual. Los informes de la UDEF están jodiendo mis coitos".

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Santaolalla, que acumuló 66 intervenciones en RTVE por un importe total de 18.500 euros según los datos desglosados por la propia Corporación solo en el año 2025, defiende su presencia en las mesas de debate no como un ejercicio de imparcialidad —del cual reniega expresamente—, sino como un servicio de resistencia frente a lo que denomina la "fachosfera". Consciente del impacto de sus intervenciones, la analista no duda en definirse como una suerte de "Ricky Martin de la provocación, muy rentable en audiencia", asumiendo con naturalidad un rol en el que la vehemencia cotiza al alza en los audímetros.

Uno de los aspectos más llamativos de sus reflexiones gira en torno a los escándalos de corrupción y su impacto según las siglas del partido afectado. Aunque la tertuliana reconoce que los casos de corrupción en el seno de la izquierda le duelen "por tres" y califica de "basura" a figuras del entorno de la trama del caso Koldo, como el propio Koldo García o Víctor de Aldama, su discurso adopta una tibieza garantista cuando la sombra de la sospecha se aproxima a la figura del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

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Frente a las últimas informaciones y diligencias judiciales, Santaolalla opta por pedir prudencia y reclama "el derecho a la duda" antes de someter a los dirigentes a lo que califica como un "calvario mediático". Curiosamente, este llamamiento a la presunción de inocencia y a la calma analítica contrasta con la rotundidad habitual con la que la colaboradora suele despachar las acusaciones cuando los investigados pertenecen al espectro político de la derecha.

En un ejercicio de virtuosismo interpretativo, la tertuliana llega a justificar gestiones dudosas o el tráfico de influencias sugiriendo que "el enchufismo no está penado en este país".

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Del victimismo a la trinchera del 'combate'

La conversación discurre también por el accidentado terreno de su imagen pública y la relación con sus detractores. Santaolalla, que afirma haber sufrido "como un perro" debido al acoso en redes y en la vía pública, rechaza no obstante la etiqueta de profesional del victimismo, asegurando que su actitud es de "combate". Entre referencias a su bar de abajo y su alergia al centrismo —al que equipara con la cobardía—, la tertuliana aprovecha para cargar contra perfiles de la acera opuesta, llegando a calificar a Vito Quiles de "tonto útil de la derecha" y vaticinando para él un futuro "entre rejas".

El retrato que dibuja de sí misma pretende condensar la esencia de las "dos Españas": una mezcla entre la cultura de terraza, el tinto y el chuletón, y la militancia en manifestaciones por la sanidad pública o contra los desahucios. "Tengo en una pata a Bertín Osborne y en el dedo meñique a Pablo Motos. Y en la otra a Gabriel Rufián y en el otro meñique a Serrat", afirma para justificar su pretendida transversalidad social.

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Santaolalla, que presume de no haber pasado nunca por un quirófano ni de realizar rutinas de belleza, arremete contra los cánones de belleza de la televisión e insiste en que no le asusta el paso del tiempo. "A mí no me da miedo envejecer, me dan miedo los nazis. A mí no me da miedo el auge de la celulitis en mi cuerpo, me da miedo el auge de la extrema derecha", sostiene, derivando una vez más cualquier cuestión superficial hacia el terreno del combate político.

Pese a figurar en el pasado en las listas municipales del PSOE en Salamanca —donde admite que ocupaba puestos de "relleno"— y haber recibido ofertas "más nacionales que suculentas" para dar el salto a la política institucional, la tertuliana descarta por el momento dar el paso mientras mantenga su faceta en los medios. Sin embargo, no oculta que su futuro podría estar ligado al servicio público, dejando la puerta abierta de cara al horizonte electoral de 2027. Mientras tanto, continuará amortizando su perfil mediático en la pantalla pública, dividida entre las querellas en los juzgados, las lecturas de los sumarios de la UDEF y la apretada agenda de una provocadora profesional que asegura dormir, a pesar de todo, con la conciencia tranquila.

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