Ábalos se gastó 1.200 euros en pagar la operación de la pata del gato que le rompió Jésica
La declaración de Jésica Rodríguez ante el Tribunal Supremo ha dejado nuevos detalles sobre su relación con el exministro José Luis Ábalos, en el marco de la investigación por las presuntas irregularidades en los contratos de mascarillas. Entre los elementos más llamativos de su testimonio, destaca la mención a un episodio doméstico que terminó con la operación de un gato, sufragada —según su versión— por el propio exdirigente socialista.
Según relató ante la Sala Segunda, el animal, llamado Pequeño Ratón, sufrió la rotura de una pata, lo que obligó a una intervención veterinaria cuyo coste rondaba los 1.200 euros. «El gato se rompió una pata y él me ayudó a pagar la operación, que era cara», declaró Jésica Rodríguez, subrayando que Ábalos asumía habitualmente los gastos derivados de su vida en común.
Una relación marcada por la dependencia económica
Durante su comparecencia judicial, Jésica Rodríguez fue más allá y aseguró que el exministro no solo contribuyó puntualmente a ese gasto, sino que se hacía cargo de prácticamente todos los costes de su día a día. «No sabía quién estaba pagando el piso, si Escolano, Koldo o Ábalos… daba igual porque al final era Ábalos el que sufragaba todos los gastos», afirmó ante los magistrados.
La joven explicó que vivía en un inmueble ubicado en la zona de Plaza de España, cuya financiación —según su testimonio— estaba vinculada al entorno del empresario investigado Víctor de Aldama. En ese contexto, también reconoció que la adopción del gato estuvo directamente relacionada con su vínculo con el exministro.
El gato como símbolo de una relación deteriorada
El episodio del animal ha cobrado especial relevancia no solo por su aparición en sede judicial, sino por lo que representa en el trasfondo de la relación entre ambos. Según la versión de Jésica Rodríguez, fue ella quien terminó provocando la lesión del gato en un momento de tensión emocional.
El animal, descrito como un gato negro llamado Pequeño Ratón, habría sufrido las consecuencias de una situación personal marcada por la frustración y las promesas incumplidas. La joven aseguró que desde el inicio de la relación sabía que José Luis Ábalos no abandonaría a su esposa mientras ocupara el cargo de ministro, aunque inicialmente aceptó esa circunstancia.
Con el paso del tiempo, esa situación derivó en un desgaste personal que terminó afectando a su entorno más cercano. El gato, en este caso, se convirtió en un elemento simbólico de ese deterioro.
Una “vida paralela” sostenida económicamente
El relato de Jésica Rodríguez apunta a la existencia de lo que ella misma describió como una “vida paralela”, mantenida económicamente por el exministro. Además del alquiler de la vivienda, mencionó otros gastos como su matrícula universitaria o su teléfono móvil.
Incluso tras la ruptura de la relación, según se expuso en sede judicial, el entorno vinculado a Ábalos continuó asumiendo el coste de la vivienda durante un periodo prolongado. En este sentido, Koldo García, exasesor del ministro, habría reconocido que la joven dispuso de casa sin coste durante más de dos años.
El rastro del gato en las pruebas del caso
La figura del gato Pequeño Ratón no solo apareció en el testimonio oral. Según se ha conocido, también figura en material audiovisual incorporado a la investigación. En uno de los vídeos aportados, correspondiente a una celebración de cumpleaños, se puede ver al animal acompañado de mensajes como «Nuestro Pequeño Ratón» o «Familia».
Un detalle que, más allá de lo anecdótico, refleja la naturaleza de la relación que mantuvieron Jésica Rodríguez y José Luis Ábalos: una historia marcada por la cercanía personal, la dependencia económica y unas expectativas que, según el testimonio de la joven, nunca llegaron a cumplirse.













