Un evento con los valores del equipo: así adapta Viviendo del Cuento sus experiencias a cada empresa

Una empresa reúne a su equipo para celebrar un aniversario. Otra quiere trabajar la comunicación entre departamentos. Una tercera necesita que los valores de su marca cobren sentido durante una convención. Las tres pueden organizar un evento, pero difícilmente les servirá la misma actividad. El punto de partida es lo que cada organización quiere que sus personas vivan y compartan.

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Esa idea guía el trabajo de Viviendo del Cuento, firma valenciana especializada en experiencias para empresas que desarrolla proyectos en distintos puntos de España. Su propuesta combina team building, formación, ponencias y eventos de autor. Tras más de dos décadas de trayectoria, sitúa la personalización en el centro de cada encargo: define objetivos con la empresa y transforma sus valores en una experiencia en la que el equipo participa.

Primero, entender qué necesita el equipo

La preparación comienza antes de elegir un juego, una escenografía o un espacio. La compañía establece un primer contacto con el cliente, identifica el tipo de experiencia que busca y define con él los objetivos. Esa conversación permite decidir qué debe ocurrir durante el evento, ya sea propiciar la colaboración, poner en práctica la toma de decisiones o dar forma a una celebración que represente a la organización.

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No todos los equipos llegan con la misma historia. Hay grupos acostumbrados a trabajar juntos que desean afrontar un reto distinto y otros que apenas han tenido ocasión de conocerse fuera de sus funciones habituales. También cambian el número de participantes, el tiempo disponible y el papel que ocupa la actividad dentro de una jornada más amplia. El diseño tiene sentido cuando responde a esas condiciones y a la cultura de la empresa.

Por eso, la personalización va más allá de incorporar un logotipo o mencionar un lema al comienzo. Si una organización quiere trabajar la confianza, la actividad puede pedir a los participantes que coordinen decisiones y dependan de la información de sus compañeros. Si busca dar protagonismo a la creatividad, conviene abrir espacio para proponer, probar y construir algo juntos. Los valores se vuelven reconocibles cuando influyen en lo que el equipo hace, no solo en lo que ve.

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Del valor declarado a una experiencia compartida

Viviendo del Cuento trabaja con formatos narrativos y participativos que permiten llevar una idea corporativa a situaciones concretas. En una actividad de cine, por ejemplo, el equipo puede asumir tareas diferentes para sacar adelante un rodaje. La propuesta Team Movie está orientada precisamente a transmitir valores de empresa a través de la creación de una película. El argumento, los papeles y la dinámica de trabajo ofrecen oportunidades para que el grupo participe en una misma historia.

La música abre otra vía. A Tempo plantea una experiencia de unión a través del ritmo, mientras que sus propuestas de Eurovisión convierten al equipo en protagonista de un concurso propio. Elegir el lenguaje adecuado cambia la manera de participar: un reto musical puede reunir a personas de áreas distintas en torno a una tarea común, y una producción audiovisual puede dar cabida a quienes prefieren actuar, organizar, idear o resolver cuestiones prácticas.

También hay actividades construidas alrededor de decisiones colectivas. Los Intocables sitúa la negociación y la toma de decisiones en una ambientación inspirada en los años veinte. Guardianes de los Valores plantea una gymkhana en la que las alianzas, la comunicación y la confianza forman parte de las pruebas. Son ejemplos de cómo el juego y la ambientación sirven a un objetivo: ofrecer al equipo una situación compartida que permita poner en acción habilidades presentes en el trabajo cotidiano.

El catálogo ofrece varias opciones que se ajustan a cada encargo. La empresa puede partir de una propuesta existente y adaptarla o encargar una actividad diseñada para su ocasión. La elección depende del mensaje que se quiere transmitir y de la experiencia que mejor puede sostenerlo. Ese criterio mantiene el motivo de la reunión presente durante el diseño.

Una convención también puede contar una historia

La adaptación adquiere otra escala cuando la actividad forma parte de una convención o de un acto corporativo. En sus eventos de autor, Viviendo del Cuento diseña y ejecuta propuestas desde la dirección artística, con producción propia y apoyo de proveedores. Puede trabajar la bienvenida, la ambientación, los momentos de participación y la puesta en escena para que las distintas partes del encuentro mantengan un hilo conductor.

La Alfombra Roja muestra esa manera de plantear una convención: una película relacionada con los valores de la empresa puede inspirar el desarrollo del encuentro, desde las ponencias y las actividades de equipo hasta la música y otros momentos compartidos. El relato da continuidad a experiencias que, de otro modo, podrían vivirse como piezas separadas. Para los asistentes, la conexión entre unas y otras facilita reconocer qué quiere expresar la organización con el evento.

Los proyectos que presenta la firma permiten ver soluciones distintas para encargos distintos. En una convención de Bayer, 300 participantes intervinieron en el rodaje colectivo de una película inspirada en Avatar. Para un aniversario de IKEA en Jerez, se grabó un videoclip con sus trabajadores. Y en los Premios Baumit Life Challenge, la propuesta dio presencia a la arquitectura y a elementos vinculados con Valencia, sus tradiciones y el mar. Cada planteamiento toma como referencia la ocasión, los participantes y el contenido que debía ocupar el centro.

Esa flexibilidad resulta especialmente útil cuando una empresa quiere que la celebración tenga una identidad propia. Un aniversario puede poner a sus trabajadores ante la cámara. Una entrega de premios puede dialogar con la disciplina que reconoce y con la ciudad que la acoge. Una convención puede articular sus contenidos alrededor de una historia común. El evento gana coherencia cuando su forma responde a la razón por la que se ha convocado.

Formación que se aprende participando

La firma también integra formación y ponencias en su oferta para empresas. Sus actividades formativas abordan comunicación, liderazgo y desarrollo mediante técnicas participativas. Entre sus propuestas figuran un taller de comunicación efectiva que trabaja aspectos como el uso de la voz, el ritmo y el control corporal, y una experiencia de liderazgo y confianza apoyada en la esgrima.

Este enfoque permite que los participantes ensayen comportamientos, observen cómo se coordinan y conversen sobre lo ocurrido a partir de una situación vivida en común. La experiencia ofrece un punto de partida concreto para hablar de comunicación o liderazgo. Si el objetivo de la empresa es formativo, la actividad puede diseñarse con ese propósito desde el inicio y conectar la reflexión con lo vivido durante la jornada.

Viviendo del Cuento contempla además la colaboración con un formador propio de la organización o la participación de uno facilitado por la firma. Así, el contenido puede ajustarse al trabajo que la empresa ya desarrolla con sus equipos. Las ponencias amplían las opciones cuando el encuentro requiere otro ritmo, por ejemplo, una intervención centrada en la comunicación que se combine con una actividad posterior.

Diseño, producción y evaluación dentro del mismo proceso

Una idea atractiva necesita una ejecución capaz de mantenerla en pie. El proceso de la compañía incluye el desarrollo del plan junto al cliente, la realización de la experiencia y elementos de control para medir los resultados obtenidos. Esa secuencia relaciona el objetivo inicial con lo que sucede durante el evento y con la valoración posterior.

Su equipo de producción y la dirección artística permiten trasladar el concepto a decisiones visibles: cómo se presenta la actividad, qué materiales necesita, qué papel desempeñan los participantes y de qué manera se encadenan los momentos del encuentro. La personalización también está en esos detalles de ejecución. Un mismo formato puede sentirse muy distinto según el espacio, la escala del grupo y la manera en que se conduce.

Aunque la empresa tiene su sede en el área de Valencia, desarrolla experiencias en otras ciudades españolas. Esa capacidad de desplazamiento amplía las opciones de las organizaciones que desean reunir a sus equipos en su propia sede o vincular el evento a un destino concreto. El lugar puede convertirse en parte de la propuesta cuando ayuda a contar la historia del encuentro, como ocurrió con la presencia de Valencia en los premios de arquitectura de Baumit.

Un evento que se reconoce como propio

Para una empresa, reunir al equipo supone dedicar tiempo a una experiencia común. La pregunta útil al preparar esa cita es qué quiere que las personas hagan juntas y qué sentido tendrá para ellas. Cuando la respuesta orienta el diseño, el evento puede integrar entretenimiento, formación y comunicación de marca sin que ninguna de esas dimensiones parezca añadida a última hora.

El trabajo de Viviendo del Cuento parte de esa relación entre propósito y participación. Un rodaje, una gymkhana, una propuesta musical o una convención completa pueden tener formas muy distintas. Lo que los une es la intención de convertir los valores de cada empresa en una experiencia que su equipo pueda vivir. Ahí reside el interés de un evento hecho para quienes van a estar dentro de él.