Un comerciante de l'Hospitalet se ve obligado a dormir cada noche en su negocio para no ser saqueado por los ladrones
Extranjeros en su propia casa; ciudadanos de segunda en su país de nacimiento. Así se sienten, a diario, miles de autónomos y pequeños empresarios en una nación que se desangra víctima de la lacra del desempleo, comerciantes indefensos que deben hacer frente, además de a la galopante crisis económica, al desamparo y desapego constante al que se ven sometidos por decreto por parte de una administración que les desprecia por sistema: solo importan sus deberes cada fin de mes... o a la hora de pasar por las urnas.
Antonio Flores, catalán, 41 años, vecino de l'Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Con muchas horas de esfuerzo, consiguió sacar adelante un bar en su barrio de toda la vida; ahora, regenta su propia tienda de videojuegos. Obra el milagro de poder dar trabajo a un empleado y es capaz de generar negocio en una de las zonas con un índice de paro más elevado de toda Cataluña.
El pasado 19 de Febrero, de madrugada, su local fue asaltado por un par de delincuentes habituales, toxicómanos de Can Vidalet. Fueron detenidos pocas horas más tarde por una dotación de los Mossos d'Esquadra y se les decomisaron más de 5.000 euros sustraídos en material. A las 24 horas, volvían a estar en la calle.
El 21 de Marzo, apenas un mes después, regresaban al lugar del crimen para culminar un robo que se les había resistido. Consiguen llevarse más de 40.000 euros entre efectivo y productos comerciales: consolas, videojuegos, aparatos en reparación y complementos. Una vecina, que presenció y firmó el relato de los hechos, por temor a ser reconocida, no avisó a la policía.
Con la póliza de su aseguradora todavía sin cobrar y con un establecimiento literalmente saqueado por los cacos, Antonio se desespera. Es víctima en primera persona de una situación que ni entiende ni ha provocado.
'Tengo las dos denuncias. He intentado hablar repetidas veces con los responsables de comercio del Ayuntamiento. Se pasan la pelota unos a otros, sin encontrar respuesta. La semana pasada avisé a los Mossos d'Esquadra: tengo la persiana reventada por el robo, y soy presa fácil para la delincuencia habitual que asola el barrio. Me dijeron que no podían asegurarme nada, que 'sólo tenían dos patrullas por la noche' y que 'bastante tenían ya con las discotecas de la zona'. Me he visto obligado a dormir en el suelo, con un colchón, para poder hacer guardia en mi propio local', nos cuenta desamparado, 'nadie me da soluciones, ni el seguro, ni la policía, ni el ayuntamiento... pero yo sigo pagando mis impuestos y los delincuentes continúan libres y en la calle'.
Entre las diversas fuerzas políticas de l'Hospitalet, nadie se ha acercado para interesarse por su estado: 'lo saben y lo conocen, todo el barrio está al corriente. Incluso la regidoría. Como todavía faltan dos años largos para las elecciones, no les importa que les pasa a los comerciantes; están demasiado ocupados discutiendo en los plenos sobre la rotulación en catalán o las declaraciones de independencia de Mas', asegura frustrado. Sólo Daniel Ordóñez, representante de PxC en el consistorio, ha acudido en diversas ocasiones para prestarle desinteresadamente su ayuda.
Ahora Antonio, se plantea de todo. Incluso ha pensado en montar su propia plataforma vecinal. Los comercios están hartos de ser los que pagan siempre los platos rotos. "Nos encontramos desamparados. Estoy trabajando 12 horas cada día para sacar adelante mi negocio... y ahora esto. Tengo que dormir en el almacén porque la policía es incapaz de asegurarme que no me van a entrar a robar. No sé en qué país vivimos. A veces pienso si todo esto vale realmente la pena, y si hay alguien capaz de darnos una solución. Es absolutamente desesperante".
Relato en primera persona de la odisea a la que tienen que hacer frente, cada día, miles de pequeños empresarios en nuestro país por sacar adelante su propio negocio; un Estado con más de 5 millones de parados que sigue mimando a los subsidiarios del PER... pero desampara y castiga con total impunidad a sus atrevidos emprendedores. Mientras nuestros jóvenes más preparados siguen cruzando los Pirineos en busca de un futuro mejor, continuamos siendo un paraiso para nuestros delincuentes habituales. El pueblo duerme aborregado y la casta política, ni está, ni se la espera. Pobre España, ¡quién te ha visto y quién te ve!












