Negacionismo
Escribía hace poco sobre el rechazo que me producen nuestros gallardos y valientes milicianos, marciales como centinelas barrigudos dentro de la compleja España del Siglo XXI. Aquellos que, al amparo de los colores rojinegros, juran defender los irrenunciables valores de la España Visigoda hasta la última gota de nuestra sangre. En aquellas líneas, os decía que me he venido sintiendo -un poco o un mucho cada año- cada vez más lejos de estas personas: no sólo de los principios que defienden, sino de cómo los defienden. Y si bien la vida nos ha llevado -de forma manifiesta- por caminos muy distintos a unos y a otros, ellos no pueden dejar de afectarnos en lo que concierne a nuestra actividad política.












