Catalanes en La Alpujarra

El pasado mes de junio aterrizaron en el pueblo de Órgiva, en plena Alpujarra, un grupo de turistas catalanes de Gerona para hacer turismo en la zona y practicar senderismo y todas esas cosas que los de ciudad sólo pueden llevar a cabo entre adoquines y mantos de asfalto en una atmósfera enriquecida con CO2.
En pocos días el grupo se hizo notar en la zona porque cotidianamente recorrían todos los restaurantes en busca del menú más económico, fieles a su tradición de que "la pela es la pela" y por su insistencia en hablar todo en catalufo, supongo que para marcar territorio al igual que hacen los perros al mear en cada árbol que se encuentran.
Lo cierto es que estos catalufos no preguntaban nada para no tener que hablar en español y no contrataban excursiones ni actividades de montaña por no gastarse un duro en lo que ellos consideran el extranjero, así que con tan sólo la información de La Alpujarra que aparece en Google, que por cierto está en español, se organizaron una excursión a la parte alta de Sierra Nevada.
El día 27 de junio los catalufos madrugaron y llegaron en coche a Capileira, en la Alpujarra Granadina, donde los aparcaron para iniciar la excursión a pie por las laderas del Mulhacén. El día era caluroso, era uno de esos días pesados de finales de junio donde el sol se deja caer a plomo sin contemplaciones.
Después de tres horas de caminata ascendiendo hacia las cumbres de Sierra Nevada llegaron a unas llanuras preciosas presididas por una impresionante fuente que parecía dominar majestuosamente la ladera como si el tiempo no pasara. El manantial brotaba de forma generosa derrochando generosamente agua fría y cristalina que se deslizaba ladera abajo entre los surcos arañados en la tierra buscando el Barranco de Poqueira.
Al contemplar esta estampa paradisiaca, los catalufos quedaron atónitos y tras unos segundos reaccionaron todos al unísono corriendo precipitadamente hacia la fuente. Cuando acercaron sus manos en forma de cuencos para beber esa agua fresca escucharon unos gritos que profería a los lejos un pastor desde lo alto de un peñasco: ¡Cuaico, que lagua nos fina y da cagarruza! (Tengan cuidado, que esa agua no es potable y produce diarrea). Los catalufos, no entendiendo lo que les gritaba el pastor, ya que desconocen la riqueza lingüística de España, le contestaron: ¿Qué diu? A lo que el pastor les respondió: ¡Patabajo chorrea si la engulles! Siguieron sin entenderle, y le preguntaron otra vez: Que ¿Qué dice? Y el pastor repitió: ¡Que patabajo chorrea si la engulles!
Los catalufos comentaron entre sí que no entendían nada, y uno de ellos, el listo del grupo, se dirigió al pastor aclarándole: Mire, somos un grupo de excursionistas de Cataluña y no entendemos lo que dice, ¡así que háblenos en español, que estamos en España! Y el pastor les contestó: ¡Que beban despacito, que sale muy fresquita!
Más o menos así me lo contaron y así os lo cuento yo.
Juan Vicente Santacreu [Twitter: @JVSantacreu]
Coordinador y portavoz de la Plataforma Masby












