La propensión a considerar superficialmente todo lo que no afecta de modo directo a la vida profesional, hace suponer a los militares que política es cabalmente ese embrollar, zurzir, engañar, urdir trapisondas y prevaricar sin escrúpulo, que, pese a las mejores voluntades, es la circunstancia de la vida política de un Estado en descomposición donde algunas regiones ni siquiera acatan las demandas constitucionales. El militar siente un rechazo hacía todo esto y de rechazo hacía la misma esencia de la verdadera política que no acierta ni siquiera a entrever una aversión profunda y sin recato.
La salida de la actual recesión pasa en España, entre otras medidas, por una reducción de los costes laborales. En consonancia con esta necesidad, nuestro país ha experimentado en los últimos años una notable contención de los salarios y también por ello el Partido Popular se comprometió en su programa electoral de 2011 a bajar un punto por año las cargas sociales. Sin embargo, el Gobierno ha hecho exactamente lo contrario.
El don de persuadir, de arrastrar, de conquistar, en suma, a los hombres, exige, como apunta Jorge Vigón, una gran perspicacia, conocimiento o intuición de las disposiciones variables de nuestros subordinados, la previsión de los efectos que producirán las ordenes por razón de las circunstancias en que han de llegar a estos a quienes van dirigidas, una gran simpatía hacia los ejecutantes y la preocupación de reducir a un mínimo las fatigas y los peligros que su ejecución puede ocasionar. Por eso dice Mayer que si la ciencia del mando es accesible a la mayor parte de los hombres, solo una minoría posee a fondo el arte de hacerse obedecer sin hacer uso de castigos; entendiendo estos como aquellas sanciones leves y graves que se imponen sin acudir a la justicia y al Código Penal.
Mis queridos Charlys e idiotas, de entrada soy consciente de la decepción que puede provocar en muchos de mis seguidores "idiotas" el leer mis pensamientos sobre algunos aspectos relacionados con los símbolos nacionales.
Leo, sin inmutarme, en el Confidencial Digital, que el Ministro ha dado ordenes a sus Generales de que callen en el problema Catalán como si no fuera con ellos, porque es responsabilidad de los políticos. Por poner un ejemplo folclórico del problema, que va más allá de la política, según explicaba Jesús Lainz, la sardana empezó a ser bailada en todas las localidades catalanas como acompañamiento de los actos del catalanismo político y cultural. En un principio, dice, causaba extrañeza entre la población que jamás había tenido conocimiento de su existencia. Ya en tiempos de la II República el escritor Julio Camba explicaba la celebración de la promulgación del Estatuto catalán a ritmo, como no, de sardana: "Hace veinte años, algunos naturales del Ampurdan solían reunirse los domingos para bailar la sardana, y los barceloneses se morían de risa contemplando el espectáculo de su futuro baile nacional".
En 2002 apareció un libro sobre el pensamiento de Artur Mas escrito por el periodista Rafael de Ribot en base a una serie de conversaciones con el actual Presidente de la Generalitat catalana, por aquel entonces Conseller en Cap del Gobierno autonómico encabezado por Jordi Pujol. La publicación de este volumen-entrevista tenía por objeto poner en conocimiento del público los planteamientos políticos del que ya se prefiguraba como el delfín del patriarca del nacionalismo. A lo largo de sus respuestas a su interlocutor, Artur Mas expresaba opiniones como las siguientes. "El concepto de independencia lo veo anticuado y un poco oxidado" o "La Corona puede ser el vínculo que dé estabilidad a un modelo de convivencia, pero también a una estructura plurinacional del Estado... En el caso de España, se está demostrando que es una fórmula que funciona" o "Cataluña puede aspirar a mantenerse en el entorno del Estado español. Sería irresponsable llevar al país hacia un camino que significara una frustración colectiva". Y esta hermosa perla, ejemplo de sensatez y realismo: "España no es Yugoslavia. Además, entre Cataluña y España existen lazos e historia compartida como para tener muy presente este bagaje común, que se manifiesta incluso en la composición demográfica de Cataluña".
Los oficiales de carrera han aceptado la idea de la disuasión como estrategia. Muchos creen que las grandes guerras no son inevitables y reconocen la amplia gama de misiones politicomilitares que se les están asignando y que probablemente se les asignarán. Subrayan que la disuasión es eficaz gracias a que hay hombres preparados para luchar. En este espíritu de lucha hay muy poco sentimiento sentimiento gung ho, lema adoptado por una parte de las fuerzas estadounidenses destacadas en Asia durante la segunda guerra mundial que hace referencia al entusiasmo por una tarea común, excepto entre algunos oficiales maduros; más bien se trata de una respuesta de imitación. La idea de una fuerza policial, la noción de que un soldado puede desarrollar una carrera eficaz sin haber participado nunca en una operación multinacional, ha llegado a nuestros días, principios del siglo XXI, como algo casi imposible en los Ejércitos Españoles, aunque antes tenia una aceptación amplia, aunque superficial. Pero sólo una reducida minoría, el núcleo de oficiales más innovadores, comprende plenamente las consecuencias de este punto de vista profesional. Esta minoría está convencida de que es posible reunir, tanto en un militar individual como en una Institución militar concreta, los potenciales de combate, de control de armamento y de salvaguarda de la paz.