En los regímenes parlamentarios muy atomizados, como los de la Restauración en España, los de la Primera República italiana o los de la Cuarta República en Francia, los gobiernos se sucedían con frecuencia a un ritmo vertiginoso, con gabinetes que duraban a veces unos pocos meses o incluso semanas. Cuando un Ejecutivo conseguía pervivir un tiempo superior a un año se consideraba muy estable. Antonio Maura presidió entre 1907 y 1909 el llamado “Gobierno largo”, así denominado porque estuvo en el poder casi tres años, acontecimiento que fue visto como una auténtica hazaña en la época. Nuestro sistema político, alumbrado en la Transición, se ha caracterizado por gabinetes que han durado legislaturas completas o en ocasiones ligeramente acortadas, de tal manera que, aunque se produjesen remodelaciones parciales en la composición del Consejo de Ministros, sólo hemos tenido siete presidentes del Gobierno entre 1978 y el momento actual, es decir, siete presidentes en cuarenta años.
Lo menos malo no es sinónimo de bueno. La trayectoria hasta ahora de Pablo Casado como político me parece nefasta para España, y sus intenciones para España como flamante presidente del Partido Popular tampoco me gustan en absoluto. Que sea menos malo que Soraya no le convierte en bueno, no hay enfermedades mortales mejores que otras, en unas se sufre más o menos o se dura más o menos, pero buenas no son si te llevan irremediablemente a una muerte dolorosa, y el PP, como el resto de partidos del sistema, es una enfermedad mortal para España, quien sea su nuevo líder es sólo la variedad de esa enfermedad.
'De tu santa siesta ahora te despiertan versos de poetas'. (Evangelina Sobredo “Cecilia”. Mi Querida España).
Me ha gustado muchísimo el último libro de Eduardo López Pascual. Fue el mismo Eduardo quien tuvo la gentileza de enviármelo hace unas semanas y os aconsejo su lectura tranquila, reposada y serena en estos calurosos días de verano. Se trata de CONVERSACIONES CON MIGUEL HERNÁNDEZ. UN FALANGISTA CON EL POETA (PR Ediciones 2.018 y Prólogo de José María Garcíade Tuñón de Aza). En esta obra, el autor nos ofrece su personalísima visión acerca de los últimos años de la vida del poeta Miguel Hernández: justo aquellos años en los que el poeta fue vagando -sombra gris de una vida deshecha- de prisión en prisión en medio de esa España de hambre, rabia, miedo y vencedores y vencidos. Los años de encarcelamiento, enfermedad y muerte del escritor. Siempre me ha resultado poderosamente llamativa -esas casualidades necrológicas a las que tanto nos ha acostumbrado nuestra moderna Historia- la circunstancia de fallecer Miguel Hernández también en la prisión de Alicante en 1.942.
Y de estos años tristes de la vida del poeta de Orihuela nos ofrece Eduardo su libre perspectiva de novelista, si bien siempre fundamentada en los hechos reales que, efectivamente, acaecieron en torno a la figura de Miguel Hernández durante este atroz período de su vida. Esta realidad que subyace dentro de la novela hace del relato, en sí mismo y por esta causa, una historia que merece mucho la pena ser leída.
Yo siempre he creído que la ya muy extensa obra de Eduardo López Pascual se basa en el pilar fundamental de su honestidad férrea: en la sinceridad a la hora de exteriorizar sus pensamientos cuando llega la siempre difícil tarea de volcarlos sobre una hoja de papel en blanco. Existe un Eduardo intimista y profundo, el Eduardo de Poemas para un Paisaje Sonoro, que es capaz de transmitirnos la clara honestidad de un verso y que sabe llevarnos de la mano para descubrir los escenarios recónditos de una sensibilidad desconocida. El Eduardo poeta de sus Versos Proscritos.
Y frente a este Eduardo poeta, nos asombra el Eduardo político. Porque esta honda integridad también se hace patente de forma más urgente y perentoria cuando, alejado del fondo poético de un verso y acuciado por los sucesos urgentes del presente, nos impone la necesidad de actuar y de luchar para salir de la sima actual del falangismo. Desde el corazón y para el corazón, Eduardo marca nuevos rumbos y propone soluciones prácticas en sus breves columnas publicadas en El Municipio: verdaderos trallazos azules que, descargados sobre nuestras conciencias, nos llaman a la acción respecto al lamentable estado actual de la Falange. A mí me parece algo muy hermoso como Eduardo sabe condensar, en unos pocos párrafos, lo que muchos pensamos con absoluta claridad y perfecta definición. Un obligado referente semanal para todos aquellos que seguimos creyendo -como cree él- en la rotunda viabilidad de nuestro sueño: en esa Tercera España que, sepultada en la sangrienta pugna entre la izquierda y la derecha, la Guerra Civil hizo imposible.
Este libro trata -a través de los ojos de un joven reportero de La Voz del Segura- precisamente de esa Tercera España que la violencia cainita y fraticida hizo inviable. Una historia contada desde un falangismo desarbolado y derrotado por obra y gracia del Régimen que nacía de la Victoria. Existe un hilo invisible de solidaridad que se extiende entre este reportero falangista y el poeta Miguel Hernández. Un hilo que se teje al haber sido condenado y enterrado el nacionalsindicalismo por la misma mano ejecutora que había encerrado y condenado a Miguel Hernández: el Estado despiadado y cerril nacido del triunfo militar y del exterminio violento de todos sus adversarios políticos. La derrota de la Tercera España que había convertido en inviable el violento enfrentamiento entre españoles.
Hoy el amor es muerte, y el hombre acecha al hombre.
La poesía nos acerca a la esencia de España. Los grandes poetas españoles del Siglo XX entroncaron su obra con la idea de una España nueva, fértil, renovada y alegre. Una España sin lastres del pasado y abierta a la sincera esperanza de un mañana feliz y de soles y lunas y de francas sonrisas. Esas ideas de libertad y paz con las que supo conectar la Falange desde su mismo nacimiento y que constituyen la esencia misma de nuestro movimiento político. Los poetas españoles del Siglo XX y su afán de encontrar un nuevo modelo de convivencia entre tanta desolación, miseria y muerte.
Alza, toro de España: levántate, despierta. Despiértate del todo, toro de negra espuma, que respiras la luz y rezumas la sombra, y concentras los mares bajo tu piel cerrada.
Y descubrimos que el poeta es abandonado por todos -presencia incómoda en un mundo sombrío- menos por un puñado de escritores y poetas falangistas que, paradójicamente, también podían contarse entre las víctimas y los derrotados. Nos cuenta Eduardo que, agrupados en torno a José María de Cossío, Dionisio Ridruejo o Rafael Sánchez Mazas, empiezan a concentrarse los esfuerzos para lograr la libertad del poeta comunista. Nos cuenta como los únicos valedores del poeta son los intelectuales falangistas: tal vez porque intuyen que, salvando a Miguel Hernández de la muerte, acaso pudieran salvar también del naufragio algún vestigio de esa España de la convivencia que la Guerra Civil había sepultado para siempre.
Los hombres que hacían la revista falangista Vértice, no tardaron en sumarse a nuestra decepción y hasta una indignación que no podían disimular; y junto a todos ellos, allí estaban Miquelarena, Angel María Pascual, Leopoldo Panero o José María Alfaro, el mismo Vivancos, en fin, una pléyade de escritores, que estaban completamente a favor de recuperar a gentes como Miguel, y en defensa de una convivencia que era, como se sabía, una seña de identidad con el espíritu que les inculcaría José Antonio Primo de Rivera.
Y es en este sentido en el que la obra de Eduardo no puede ser alegre ni optimista ni esperanzada. Porque nos viene a constatar y a certificar -con la certeza lúgubre del peso de la historia española- que aquella oportunidad de transformación social alborozada y venturosa que había nacido con la Segunda República en 1.931 –la esperanza del 14 de Abril– tuvo su tajante final en una monstruosa ola de sangre que se ha extendido quizá hasta nuestros días, y que aquella Tercera España que soñaron un puñado de españoles preclaros quedó enfangada en una avalancha de odio, de miedo y de miseria. Conversaciones con Miguel Hernández nos viene a relatar como no pudo construirse una España ancha y digna desde la poesía: desde los versos de sus poetas.
Cuando acabé de leer el último libro de Eduardo López Pascual me vinieron inmediatamente a la mente los asombrosos versos de otro de aquellos poetas abatidos. León Felipe y su doloroso y bello Vencidos. Y es que muchos lo fuimos en 1.939.
Hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar; hazme un sitio en tu montura caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura que yo también voy cargado de amargura y no puedo batallar.
Todos los días asistimos sobresaltados a la invasión de Roma, digo de España, por los nuevos bárbaros, y a la destrucción del imperio romano, digo de lo que queda de España, por estas nuevas hordas, que vienen a mesa puesta y mantel.
¿Se acerca la verdad por la que luchan las víctimas y las familias?
Cinco años ya de aquel fatídico día, víspera del Apóstol, con imágenes que dañan y se repiten año tras año en medios como es el instante en que el tren Alvia choca en la curva. 24 de julio de 2013 con 80 muertos y 144 heridos.
Desde que se inventaron la efímera y sardanística república de Cataluña, muy regada de ratafía, se ha puesto complicado escribir sobre monarquía o república. El fantasma de una república de extrema derecha, xenófoba y agresiva era un fenómeno inexistente en España hasta el advenimiento del procés separatista. República y derecha política fueron antitéticos. Una experiencia como la de Mussolini en sus últimos días de Salò no apareció nunca en nuestra historia. La derecha extrema o moderada que hegemonizó Cataluña desde 1980 se echó en la piscina sin agua y se declaró republicana. Ellos, cuyos ancestros echaron a correr ¡hasta Burgos!, para librarse de una república de trabajadores de todas las clases, según denominación constitucional de la II República española.
¿Qué futuro les espera a nuestros hijos, en esta España en descomposición, con 17 “naciones” distintas, y dónde los empleos se consiguen no por mérito y capacidad, sino por enchufismo, y afiliación a determinados partidos políticos y sindicatos…?