No hay Trump que por bien no venga

La llegada a La Casa Blanca de un personaje de las peculiaridades de Donald Trump ha sembrado el desconcierto y generado alarma en Bruselas y en las principales capitales europeas. Hay dos elementos de su política internacional que han sido justamente percibidos por las Instituciones comunitarias como una seria amenaza para el orden mundial en el que la UE se ha movido con comodidad y ha prosperado desde la caída del Muro de Berlín. El primero es su agresiva guerra comercial no sólo con China, sino también con aliados tan fieles de los Estados Unidos como Europa o Canadá. Su obsesiva y equivocada idea de que su país debe defenderse de los intercambios de bienes y capitales con el resto del globo que percibe como abusivos, está oscureciendo el horizonte del crecimiento global y provocando una espiral peligrosa cuyos efectos es pronto para evaluar, pero que no serán positivos en ningún caso.


















