¡Paralizar España!; por Ricardo Sáenz de Ynestrillas

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Apuestas Deportivas

Los recortes brutales a los derechos de los trabajadores españoles en las últimas medidas represivas del gobierno deben tener su justa respuesta.

Ante semejantes ataques los trabajadores deben emplear todos los medios a su alcance. La huelga es un derecho regulado y garantizado por la Constitución. Pero ejercer el derecho de huelga con los preavisos preceptivos y con el cumplimiento de los servicios mínimos disminuye, elimina, la fuerza de los propios trabajadores.

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Por tanto, ni preaviso ni servicios mínimos ni esquiroles de repuesto que aborten las reivindicaciones justas de los trabajadores. Paralizar Madrid entero aunque ello implique consecuencias para el resto de los madrileños. Paralizar España para ver si así los españoles se sacuden la insolidaridad, el aburguesamiento y la modorra del sistema opresor capitalista.

Para lograrlo hay que atacar al sistema donde más le duela: en el bolsillo. Bancos de donde retiremos nuestros ahorros, paralización total sectorial y rotatoria, por turnos, hasta que el sistema reviente.

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Desde aquí animo a secundar una inmensa Huelga General. Mejor aún. Una Huelga por sectores que paralice España no un día. No sólo una jornada. Sino durante meses si es preciso.

Despojar a los trabajadores de sus derechos no debemos permitirlo nunca. Si se quiere combatir la crisis que se comience por:

1. Eliminación de las millonarias subvenciones a partidos políticos y los sindicatos sucursales de los mismos, así como de las organizaciones patronales.

2. Eliminación de todos los cargos públicos de libre designación, es decir, a dedo.

3. Reducción de los ingresos de todos los Altos cargos públicos, incluido el propio gobierno, a no más del triple del salario mínimo interprofesional.

4. Supresión de la monarquía y toda su casta de adláteres chupatintas.

5. Desaparición de todos los escenarios de guerra donde a España y su Ejército no se les ha perdido nada.

6. Eliminación de todas las subvenciones a ONG,s de dudosa actividad y/o utilidad social y de su nula aportación a la ciudadanía española y sus muy diversas problemáticas, incluida, si fuera preciso, las de la propia Iglesia Católica, así como eliminando la casilla de la misma de la declaración del IRPF. En buena lógica es normal que a cada confesión religiosa la mantengan sus feligreses mediante sus propios medios.

7. Nacionalización del crédito y de los demás servicios financieros.

8. Eliminación de la multiplicidad de funciones reiteradas que supone todo nuestro tejido autonómico sustituyéndolo, en las comunidades de reconocida lealtad y compromiso patriótico, por responsables únicos en el ámbito exclusivo de las competencias señaladas por la Constitución.

9. Profundización en al ámbito de autogobierno de los municipios y su correspondiente eliminación de los responsables de cada área a niveles autonómico y nacional.

10. Nacionalización de los servicios sanitarios, los farmaceúticos, los transportes públicos, las compañías de telecomunicaciones, y los demás grandes servicios públicos.

11. Expropiación de los grandes terratenientes latifundistas, mediante una profunda reforma agraria, sustituyendo su propiedad por la comunal, cooperativa, sindical, social e individual en la cual el agricultor sea propietario de la tierra que trabaja.

12. Fomento de una economía social, donde los trabajadores sean partícipes del beneficio de las empresas en las que producen, mediante su acceso a la propiedad de las mismas.

13. Tributación de las sociedades de inversiones de capital variable al máximo tipo permitido mientras se regula su desaparición.

14. Eliminación del fraude fiscal y de todos los paraísos fiscales según la promesa que realizó el G-20 hace dos años.

En resumen, desmontar el capitalismo salvaje y sustituirlo por una economía social de cooperativismo y autogestión. Todos somos trabajadores y hemos de luchar juntos en la defensa de nuestros derechos. En caso contrario nos veremos recitando el famoso poema de Martin Niemöller, pero trasladado a los sectores de productividad:

Primero vinieron a por los comunistas,

Y yo no hablé porque no era comunista.

Después vinieron a por los judíos,

Y yo no hablé porque no era judío.

Después vinieron a por los católicos,

Y yo no hablé porque era protestante.
Después vinieron a por mí,

Y para entonces, ya no quedaba nadie que hablara por mí.