Liliput en Nueva York, creyéndose Gulliver
Ayer vi al mini ministro de asuntos exteriores paseando por las calles de Nueva York, creyéndose Gulliver, y, la verdad, sentí vergüenza ajena…
¡Que lejos quedan aquellos ministros de exteriores, como don Fernando Castiella, que defendían la españolidad de Gibraltar!
En el bien entendido supuesto de que el ministro de exteriores, y de las otras 21 carteras, se llama Pedro Sánchez, que se cree el Emperador Felipe II, y para quien los ministros actuales son unos meros Secretarios de Despacho.
(Supongo desconocerá estos datos, pero siempre me ha gustado enseñar al que no sabe, y por eso fui profesor universitario).
Su viceministro de exteriores, o secretario de estado para la alianza con el comunismo mundial, se llama José Luis Rodríguez Zapatero.
Solo que los secretarios de despacho de entonces eran juristas competentes, y lo que tenemos ahora son sobrantes…
El liliputiense se cree llamado a poner paz en el mundo, pese a que no pasa de ser un simple asistente de Su Sanchidad, como ya lo era antes en La Moncloa, y espero que no acabe siéndolo también en la prisión de Soto de La Moncloa.
Sus “negociaciones” con los Hijos de la Gran… Bretaña, (no sean ustedes mal pensados), y con el sátrapa marroquí, han consistido en bajarse los pantalones, y ponerse mirando hacia Cuenca.
Y así va, de “victoria” en “victoria”, hasta la derrota final, con esa voz engolada que produce hastío y somnolencia.
Está encantado el tipo de haberse conocido, y nos amenaza con más videos de influencer, de esos que producen vergüenza ajena…
¡Que bajo hemos caído, y lo que nos queda por ver!
Por de pronto, he leído que Gibraltar ya está construyendo una valla, para evitar futuras invasiones de españoles que quieran huir de la tiranía comunista que viene a pasos agigantados, Y Marruecos ha instalado también una puerta, en zona española, faltaría más, para no ser invadidos por los infieles hispanos, antes de su invasión y ocupación definitiva de Ceuta, Melilla y Las Canarias.
A grandes males, grandes remedios.
(Y Sánchez sigue escondiéndose al paso de Trump, sin acudir a sus recepciones, para que no le eche la bronca en público. Él solo quiere tener trato con dictadoras comunistas, genocidas y asesinas, como Delcy Rodríguez, el gran amor de su vida, con permiso de Begoña).
Excuso decirles que este artículo es en clave humorística, y en términos de crítica política, que no personal…, ¡que ya me han puesto muchas demandas!












