Rubén Riós no es un cineasta simple, no es sólo actor y director, sino que se suma su excepcionalidad como persona, su empatía, su amor a la familia y a sus raíces orensanas y eso le hace GRANDE con mayúsculas.
Uno observa con estupor y asombro como el rasgo psicopático de nula empatía se produce tanto en personas como medios televisivos. Afirmar que los padres de víctimas se aprovechan de ellas para lucrarse o alcanzar algún status personal es de mentes enfermas que obvian el síndrome post traumático que durará toda su vida porque además de la pérdida se añaden dos terribles palabras como violación y asesinato.
No es broma lo de resucitar porque más que nunca y más que nadie ha resucitado el fantasma del odio, de las dos Españas pero por mucho que profane tumbas la Historia de España con mayúsculas está ahí y parecen querer reproducirla en la actualidad.
La verdad cada vez somos más pececitos, todos somos Gabriel y nos alegramos de que se haga justicia a una asesina a la que no se condenó por ser mujer y de color sino por cometer un asesinato con un ser indefenso, inocente, Gabriel que ojalá nunca se cruzara en su camino con la peor bruja de los cuentos. Pero ya está en su castillo porque las cárceles parecen hoteles de lujo con piscina, gimnasio, cuidados pero estoy con Ángel Cruz, padre de Gabriel al afirmar la sociedad está protegida sin ella en la calle y la vida de Gabriel ha servido para que nadie más sufra las conductas de psicopatía de quien carece de empatía y tanto daña. Pero Gabriel está más vivo que nunca en cada corazón, cada alma, cada persona noble, cada niño y mayor, cada hombre blanco o de color con alma limpia y cada noche vigilará a sus padres que tanto le aman porque el sigue muy vivo y nunca morirá en el recuerdo. Está en las personas, en la naturaleza, en el mar, en los pececitos, en el mar limpio y puro, en el campo verde.
Los que tenemos una experiencia y profesionalidad más que demostrada percibimos a través del análisis de conductas lo que otros, ignorantes en la materia, no ven o no quieren ver. He visto estos días respecto a la desaparición de Blanca Fernández Ochoa, la obcecación de algunos policías con accidente y accidente obviando el aspecto emocional y negando su importancia en cualquier tipo de conducta o desaparición.
Cada vez son más los jóvenes obsesionados con los videojuegos y lo que consideran un relax pasajero se vuelve en una necesidad más y más hasta convertirlo en prioridad. De ahí el paso a la dependencia está cerca.