Cristóbal Marchal o la muerte de un padre en vida

He escuchado y transmito la historia de este padre jiennense, Cristóbal. Todos sabemos que en toda historia hay dos versiones y siendo un mismo hecho las percepciones de un lado y de otro son dispares y distintas.
A la mujer de Cristóbal le diagnostican una grave enfermedad y poco después una niña se queda sin madre. Pero a su vez y a pesar de que su padre está vivo hace más de dos años, le niegan la existencia en la vida de esta menor.
Me habla este hombre de que hay un cáncer mortal que es el de la manipulación y las denuncias falsas y unos servicios sociales que en nada defienden al menor. Me habla de diez denuncias sobreseídas y los informes de los colegios de su hija de que tanto su madre, desaparecida, como Cristóbal eran buenos padres.
Como psicólogo sé del trauma y dolor que supone para esta pequeña perder ese sostén, esa base de protección y amor que es esa madre que te dio la vida y tanto amor. Cuesta superarlo, entenderlo, concienciarse de que ya no la abrazará más y entonces hay ese otro bastón que seguirá recordándole a su madre y es su padre.
Por supuesto sin negar la influencia y amparo de abuelos, tíos, primos pero un padre es un padre y jamás debe entorpecerse la relación con su hija. De esta carencia, con obstáculos, a lo mejor inconscientes, creyendo que es mejor para la menor lo que no lo es.
La carencia de una madre es difícil de superar y si se acrecienta con la nula relación impuesta por otros de un padre, crea en el futuro secuelas y una personalidad dibujada por las carencias afectivas de las dos figuras parentales y ya no habrá vuelta atrás.
Es evidente que la conducta de esta niña ahora con 14 años está influenciada por un ambiente o contexto y las situaciones y pensamientos pueden cambiar de un deseo de estar con el padre a rechazarlo y máxime con la rebeldía de la adolescencia.
De los errores y malas decisiones no hay vuelta atrás y el pasado y tiempo perdido no vuelve. Todos tendrán una parte de razón, su parte de verdad o de error pero deben olvidarse los egoísmos y egocentrismos porque aquí hay una única víctima que es LA MENOR. Aún hay soluciones.
Pilar Enjamio. Psicólogo
Escrito para MEDITERRÁNEO DIGITAL













