Trump no es ningún loco
Trump no es un presidente loco, que de repente se ha puesto a sancionar económicamente a todo el mundo.
Trump está haciendo todo lo posible para salvar a los EEUU de su hundimiento a medio y largo plazo. Y para ello, quiere ir hacia atrás.
Los EEUU fueron grandes por disponer de una gran industria, un gran ejército y grandes recursos. La geografía les ayudó en ello. Todo eso les hizo creer que tenían una misión en el mundo: su sistema era el mejor y debían extenderlo a todo el planeta, con ellos a la cabeza, como el nuevo Israel, los hijos predilectos de Dios, ya que el triunfo económico y la prosperidad eran el signo de la elección divina. Como dijeron en su Declaración de Independencia, se trata de "la búsqueda de la felicidad como un derecho inalienable de todos los seres humanos".
Sin embargo, a pesar de la fuerza ideológica, militar y económica, hay enormes territorios y miles de millones de personas que no aceptan ese dominio, de manera activa o pasiva.
Luego, y esto es lo más importante, la dinámica del capitalismo está destruyendo a los EEUU, del mismo modo que el parásito destruye al anfitrión.
El capitalismo basa su éxito y su existencia en dos pilares: la movilidad (ilimitada) y el consumo (masivo). Ello implica la ausencia de fronteras y la expansión total.
Las empresas de cada país quieren vender lo máximo al mínimo coste. También la estadounidense. Para conseguirlo, intentarán pagar el mínimo salario posible. Si los trabajadores nacionales se oponen, traerán trabajadores extranjeros que sean más baratos. Si no es posible traer a muchos, instalarán fábricas en otros lugares donde la materia prima y los salarios aún sean más bajos. La lógica capitalista manda.
Esta lógica es la que está destruyendo a Occidente desde el triunfo de la Globalización en los años 1990. La búsqueda del mayor beneficio al mínimo coste, ya sin fronteras militares, ideológicas o económicas se extendió. Pero al extenderse el juego, se amplió el número de jugadores. Y ha surgido China como un alumno muy inteligente.
Un juego es divertido hasta que se empieza a perder. Trump, como empresario, ha empezado a imponer medidas económicas para salvar a los EEUU.
La medida ideológica ya no sirve. La idea del progreso infinito ha quedado frenada por la idea del cambio climático, y la idea del bienestar individual como la felicidad social, ha generado sociedades neuróticas y disfuncionales, con una epidemia de soledad, suicidios y enfermedades mentales.
La jugada de Trump es empobrecerse para colocarse en la casilla de salida de nuevo y reiniciar el juego. Lo malo es que ahora es China el jugador principal y quien está aplicando las políticas que hicieron de Occidente aquella potencia económica: la tutela del Estado, el control político de la economía, el proteccionismo, la industrialización con grandes inversiones públicas fueron, y esto es así, la base donde se construyó el sistema capitalista actual.
La idea de Trump es obligar a la producción y el consumo interior de la riqueza estadounidense. Que todas las fábricas se reinstalen en los EEUU, y que solamente trabajen ciudadanos estadounidenses. Para ello, para aplicar medidas patrióticas y de salvación nacional, tendrá que fomentar medidas anticapitalistas (no quiere decir que sean necesariamente socialistas) como son la imposición de fronteras nacionales y detener los movimientos migratorios. Eso es letal para el capitalismo. ¿Lo conseguirá o será un simple paréntesis?
Lo que es cierto es que esto va en contra de toda la tradición y la filosofía de los EEUU. Esa nación fue construida sobre la idea de que todos los seres humanos somos iguales y de que todos debemos perseguir la conservación de nuestra vida, nuestra libertad y buscar la felicidad. Tal como está escrito en su Declaración de Independencia en 1776.
Con ello, se hacía a cada persona soberana de sí misma, responsable y capaz de conseguir todo eso. Esa idea era hija de la experiencia histórica yanqui, de cuando un grupo de fanáticos religiosos huyó de Europa y se instaló en América, haciéndose soberanos de su voluntad y destino. Ese éxito les hizo creer en el individualismo como sinónimo de libertad.
Por eso jamás ha habido socialismo en los EEUU, porque no cabe en su mentalidad. Por eso el socialismo triunfó provisionalmente en otros lugares, y por eso mismo se ha mantenido en China: el marxismo allí nunca se enfrentó a ningún capitalismo inexistente en sociedades tradicionales, por lo que ha evolucionado hasta convertirse en un precapitalismo, el mismo que dio origen al sistema capitalista en Occidente...
Lo interesante y tremendamente disruptivo es que la historia, cultura y filosofía de China no es la de Occidente. Es más, se podría decir que es lo contrario incluso. Allí no ha triunfado ningún individualismo y su concepción del tiempo y del espacio es otra. El camino histórico y los cambios que generará son ahora mismo impredecibles.
Por lo que ahora mismo, los EEUU se cierran como en el siglo XIX se cerró Asia a Europa para protegerse. No pueden hacer otra cosa. Es un ciclo paradójico.
La cuestión es ver si también serán abiertos al resto del planeta a cañonazos, tal como se estilaba hace más de un siglo...













