Sociedad asalvajada
Diariamente nos llegan noticias de apuñalamientos, y no solo uno al día: En las redes sociales ya se publican cotidianamente “Apuñalómetros” con siniestros ránquines por ciudad, con sus muertos y heridos.
Cotidianamente se nos reportan agresiones sexuales por parte de grupos de desalmados contra mujeres indefensas.
Más de un día se informa de tiroteos y machetazos entre bandas juveniles o grupos criminales, en una proporción que hacía tiempo que no se veía.
Por supuesto, no hay que pensar que antaño esto no pasaba. Durante la llamada transición y años después tuvimos sangrientos atentados terroristas, hubo una gran ola de criminalidad sobre todo en las grandes ciudades, así como una gran epidemia de drogadicción con la introducción de la heroína en las calles. De hecho, hasta hace poco existió un periódico de gran difusión especializado en sucesos, “El Caso”.
Es decir, no hubo que esperar la llegada de ninguna raza o religión concretas a nuestro país para tener problemas similares a los presentes, a la escala de entonces, claro.
Pero el problema actual es mucho peor: de una sociedad con problemas de salvajismo temporal estamos pasando a una sociedad directamente salvaje, asalvajada.
Asalvajada en el sentido de que las normas que consideramos civilizadas ya están siendo olvidadas: cosas tan cotidianas como saludar al entrar y salir en los sitios, presentarse, ceder el paso o el asiento a ancianos, ayudar a un desconocido en la calle, conocer a los vecinos, respetar unas normas mínimas de convivencia en definitiva, ya están formando parte del pasado.
Es el triunfo de los salvajes, en una sociedad donde la competitividad es un valor situado en lo alto de la escala vital de muchas personas, donde el interés y no el amor forma grupos y familias, donde todos sabemos que no hay ningún límite moral para mentir y robar si se puede justificar, cada cual forma su isla particular.
La cotidianidad de esos hechos criminales nos insensibiliza, y al final forman parte de lo cotidiano, se aceptan mentalmente como inevitables y se celebra que no vayan a más, de momento. Si se educa a todo el mundo y se transmite por todos los medios que “puedes ser lo que quieras”, “nadie puede impedir que cumplas tus sueños”, “lo conseguirás”, etc., se genera una enorme frustración, ya que más del 90% ni va a realizar sus sueños, ni va a ser capaz de lo que se propone y se va a encontrar con un montón de personas y barreras que se lo van a impedir por todos los medios. Y ahí empieza el salvajismo.
La persona que se cree con derecho a todo, efectivamente lo cree. Y su mente y su alma se convertirán en bombas de relojería. Todos los inmigrantes que llegan pensando que esto es la isla de Jauja, estallan; todos los hijos de trabajadores que se creyeron lo del ascensor social, estallan; todas las mujeres que pensaron ser como hombres, estallan; todos los hombres que intentan deconstruirse, estallan; todos los niños sin infancia, estallan…
Si se olvidan cosas como la honestidad, el esfuerzo o la generosidad para darle cabida a un ser humano “mejorado”, sin referencias limitadoras, tenemos a cambio un monstruo, un salvaje, que construirá una sociedad a su medida. Lo que ahora está sucediendo ante nuestros ojos.













