Los coletazos del sistema democrático
Todo lo que conocemos como sistema democrático, con sus parlamentos, sus votaciones, su economía de mercado, su libertad de conciencia, etc., es un sistema adecuado a los intereses de la clase que tradicionalmente llamamos burguesía. Todas las revoluciones democráticas desde la Revolución americana de 1776, la francesa de 1789, las europeas de 1820, 30, 48… fueron organizadas para derrocar a la improductiva clase aristocrática, cuya justificación para existir ya había caducado: la finalidad de la vida es el bienestar material y todos aquellos que no orienten sus esfuerzos para conseguirlo, aquellos que no adoran la máquina útil, la compraventa, quedan fuera del nuevo mundo.
Pero este nuevo mundo, que dice consagrar la figura del ciudadano libre como nuevo soberano, mediante el voto en asambleas, mediante la expresión de su opinión, mediante los negocios ante otros ciudadanos libres… simplemente reproducía con una nueva topología aquello que decía haber superado. El cambio, que provocó la desaparición de la aristocracia como clase dominante, fue de herramienta.
Si antaño lo determinante era poseer la tierra, la cual era cultivada por personas que no tenían su propiedad, luego fue la propiedad de los medios de producir (fábricas, máquinas) lo determinante. Ahora, una nueva clase (los intermediarios) ha ido ocupando el poder de la vieja burguesía (o una mera mutación), cuya clave de dominio es el control de las redes, de los flujos de información, de intercambios monetarios, del mercado de los datos (Big Data).
Sabemos que, durante siglos, en la Edad Media y hasta hace menos de tres siglos, la sociedad occidental estaba dividida en tres estamentos: la Iglesia, la nobleza y la burguesía. La Iglesia detentaba el poder espiritual y moral, la nobleza controlaba la tierra y la fuerza militar, mientras que la burguesía emergente comenzaba a acumular riqueza e influencia a través del comercio.
A través de las antedichas revoluciones y cambios institucionales en diferentes grados, ese esquema se ha mantenido. Lo que se ha venido a llamar “lucha de clases” es el producto del nuevo ajuste: la legitimidad reside en un presunto ciudadano libre, el cual debería poder desplegar sus cualidades, que mediante el esfuerzo y la educación se podrían potenciar hasta alcanzar sus deseos, y así todos serían felices en un marco de competencia libre. Pero no, la realidad es otra y siempre lo ha sido: los estamentos existen de igual modo que hace mil años, con la cruel esperanza de una igualdad terrenal que jamás se podrá alcanzar. Si la Iglesia la aplazaba para después de la muerte (El opio del pueblo, según Marx), el sistema democrático la promete para hoy mismo.
El esquema democrático ha operado un desplazamiento entre los estratos de la pirámide social (que sigue existiendo), que se podría resumir así:
- La Iglesia ha sido reemplazada por los medios de comunicación, que ejercen una influencia significativa en la opinión pública y la narrativa social. Los partidos políticos también juegan un papel crucial en la formación de la voluntad política.
- La nobleza ha sido sustituida por las élites económicas y financieras, que controlan los bancos y las grandes corporaciones. Estas élites ejercen un poder significativo sobre la economía y la política.
- La burguesía ha evolucionado hacia una clase media y alta que acumula riqueza y influencia a través de la propiedad y el capital.
- Finalmente está más del 90% de la población agrupada en un cuarto estado que va desde el “precariado” (Fusaro) hasta técnicos cosmopolitas al servicio de grandes multinacionales.
Desde la implantación universal de Internet, ya va tomando forma otra organización medieval posmoderna, basada en la privatización de todo, recursos básicos incluidos, y en la delegación de todo, donde el productor se convierte también en un funcionario al servicio de poderes privatizados.
Los servicios públicos esenciales, como la educación, la salud y la seguridad, están siendo privatizados y sometidos a la lógica del mercado. Los partidos políticos y los medios de comunicación actúan como intermediarios entre el pueblo y esos poderes privados, mientras que los bancos y las corporaciones ejercen un control significativo sobre la economía, haciendo que sus decisiones enriquezcan a unos y empobrezcan a otros en base a la voluntad de familias y clanes a quienes nadie ve, conoce o vota.
Esto está dando lugar a una "dictadura del intermediario" (situados en el flujo entre varios puntos), donde aquellos que no producen ni crean valor, pero que controlan los mecanismos de poder e influencia, ejercen un dominio significativo sobre la sociedad: bitcoins, bases de datos, bolsa, redes sociales… Estos intermediarios dirigen la reproducción y el consumo, se benefician del sistema y lo perpetúan, sometiendo a su lógica a los tenedores de los medios de producción, señalando la dirección que deben tomar las opiniones del público y generando burbujas financieras como un nuevo medio de control de la economía.
En este sentido, la estructura social actual puede verse como una forma de "feudalismo financiero", donde los señores feudales son los banqueros y las corporaciones, y los siervos son los ciudadanos comunes que trabajan para pagar sus deudas y mantener el sistema en funcionamiento. La pregunta es cómo la clase emergente, la de los técnicos e intermediarios que controlan los flujos, realizará su revolución.
Mientras tanto, el sistema democrático va dando sus últimos coletazos: suspensión de elecciones, partidos y candidatos no adecuados, aranceles y desindustrialización que echan abajo imperios, guerras declaradas y no declaradas donde nadie sabe donde está el frente de batalla… Veremos cosas.













