Ojalá que llueva café en el campo
Todos los días escuchamos y leemos noticias sobre el “cambio climático”, sobre el “calentamiento global” y sobre las catástrofes que se avecinan. Se nos dice que tenemos que actuar para salvar al planeta, lo cual no deja de ser una tontería, pues la humanidad no es el planeta y a este cacho de roca voladora le es indiferente lo que sucede en su superficie.
Recientemente, en España, se está viviendo una tremenda sequía. Los medios la plantean, para difundir el miedo de costumbre, como una situación inédita. De inédita, nada.
Hace 40 años se vivió en España una gran sequía desde febrero de 1982 hasta noviembre de 1984. ¿Alguien lo recuerda? Yo, tampoco. La única hecatombe reseñable de esa época fue el triunfo electoral del PSOE y no sé si se puede hallar alguna relación entre eso y la escasez de agua…
Desde que se tienen registros, la peor sequía de la historia en nuestro país fue entre 1944 y 1946, cuando el nivel de los embalses que existían entonces cayó hasta el 14%. Como consecuencia de ello, el régimen franquista incluyó en sus planes de obras públicas la construcción de toda una red de embalses, los cuales, mira tú por donde, permitieron soportar la crisis acuática de 1982-84 sin necesidad de grandes decisiones.
Las medidas que el gobierno va a proponer (o la oposición, tanto da) serán racionar el agua, aumentar las tarifas, imponer nuevos impuestos y crear comisiones que no sirven para nada. Y todo ello con perspectiva de género y de manera inclusiva, contratando a inspectores transexuales, que buena falta hacen.
La sequía afecta a todo, menos a los bolsillos de las oligarquías, las cuales simplemente deben preocuparse de que no resulten muy afectadas las cosechas. En una economía donde podemos hallar patatas de Israel, tomates de Marruecos y cebollas de Senegal, a los comerciantes les da igual si los agricultores españoles lo pierden todo con esta sequía. ¿El resto de la población? Nos venderán buques-cisterna llenos de agua dulce, después de que ellos han vaciado los embalses para producir electricidad barata que venden a precio de oro.
La sequía simplemente les da a algunos la oportunidad de mearse encima nuestro con mayor descaro. Su codicia está olvidando aquella frase del historiador romano Suetonio: “Conviene al buen pastor esquilar las ovejas, pero no desollarlas”.













