Necesitamos que seáis racistas
Con la actual selección española de fútbol ha pasado algo curioso. Mientras muchos periodistas deportivos expresaban abiertamente su disconformidad con la estrategia del entrenador, Luis de la Fuente, y auguraban un futuro muy negro para ese equipo, se ha dado la circunstancia de que ese ha sido luego el color, a pesar del triunfo. El hecho de que hubiera un jugador de ascendencia ghanesa (negro) y otro de ascendencia ecuato-guineana-marroquí (marrón), daba el toque colorido que tanto entusiasma a los fanáticos del melting pot, el crisol multirracial que es el dogma del futuro de nuestras sociedades.
Nuestras sociedades, al ser homogéneas, es decir, normales, son necesariamente racistas para esos fanáticos y necesitan ser educadas en el nuevo Credo para ser salvadas de, no sé, algo. Gente normal que vive en lugares normales de repente necesita diversidad porque sí, por no se sabe bien qué necesidad…
Obviamente, homogéneo no quiere decir puro. Estamos en una época en la que se debe explicar todo: homogéneo quiere decir que la gran mayoría de la población comparte lazos familiares, históricos y culturales. Y posee una escala de valores comunes que hace posible la convivencia.
Entonces, haciendo gala de una gran “inteligencia”, nuestros fans de la diversidad deciden que la mejor manera de luchar contra el racismo, en este cursillo antirracista que han montado con ocasión de la Eurocopa 2024, es destacar la raza de dos de los once jugadores titulares de la selección. Repito: situar la raza como factor clave para luchar contra el racismo.
Un racismo que, en España, solamente vive en la cabeza de políticos y periodistas que viven espiritual e histéricamente en Alabama. Pobres: Están intentando trasplantar la ideología anglosajona racista a España. Son como monos que imitan lo que hace el Imperio yanqui. Espero que al menos cobren bien el servicio. ¿En África también son tan pesados con los jugadores blancos en la Copa Africana de Naciones, si es que los hay?
En España siempre hubo jugadores, y artistas y otros famosos, extranjeros que no solamente no crearon rechazo, sino que caían simpáticos. En una sociedad homogénea los individuos diversos son un elemento exótico que provoca curiosidad, admiración, pero casi nunca odio. Y menos si además se hacen de los “nuestros” y pelean por los mismos colores. Entonces nos los comemos a besos. Que es lo que ha pasado en esta Eurocopa, donde las personas normales han disfrutado de lo lindo mientras otros se hacían pajas mentales wokes.
Todos los que se sienten mal por ser de tal o cual país o raza, lo que deben hacer es ir al psicólogo, o al psiquiátrico. O hacerse transraciales, ya que, si un hombre biológico puede transformarse en mujer mediante un simple acto de voluntad, no veo donde estaría el impedimento para cambiar de raza. 40 millones de españoles podríamos declararnos de raza negra. Y si alguien se opusiera, podríamos acusarle de racismo. Y si alguien dijera que eso es una tontería, que las razas no existen, pues podríamos reírnos en su cara, después de toda la turra que nos han soltado.
Tal como dice el escritor y filósofo Alain de Benoist: “Cuanto más étnicamente heterogénea es una sociedad, más multiconflictiva y difícil es de gobernar. Las sociedades multirraciales son también, por definición, sociedades multirracistas”. O, dicho de otro modo: Una sociedad dividida internamente (varias comunidades con otros orígenes, otros valores, otros objetivos) es más fácil de controlar y manipular. Y es a eso a lo que vamos. Quieren una sociedad americanizada, donde el racismo es la actitud cotidiana y donde cualquier extremista intentará matarte a tiros con la conciencia tranquila.
Cuando los políticos y los medios destacan especialmente la tarea de esos dos (2) jugadores (Nico Williams y Lamine Yamal) como la clave de la victoria española, están despreciando la labor del entrenador, el trabajo de todo el equipo y además están discriminando por motivos raciales a otros jugadores, que han sido igualmente o más decisivos, pero que no tienen la suerte de ser “racializados” (según la nomenclatura yanqui). Y, por ende, al echarle en cara a los espectadores la suerte que tenemos, están escupiendo sobre la dignidad del pueblo español, al esparcir la sospecha de racismo, cuando entre todos sus impuestos hacen posible que estos jugadores puedan hacer una carrera deportiva sin importar el origen de su familia.
Ya que… puestos a ver quién le debe más a quien... Ellos han aportado su talento deportivo. España todo lo demás y no los oigo dar las gracias cada día.
Imaginen si a algún periodista se le ocurriera decir eso.
Podemos hacer una cosa: si el gobierno me proporciona un altavoz en la plaza de mi pueblo, yo me comprometo a dar las gracias allí cada día por todo lo que les debo a esos excelentes jugadores como español: una Eurocopa.
A cambio, que ellos hagan lo propio dando las gracias cada día por todo lo que le deben al pueblo español: trabajo, vivienda, educación, sanidad, seguridad jurídica, un futuro, etc.
Pero creo que lo mejor sería dejarse de gilipolleces. Vale quien sirve (no su Pantone).













