El tinglado español

Desde que terminó oficialmente la actividad de la organización terrorista ETA en 2011, ya nadie mata o muere por ninguna causa sagrada en España.

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Los terroristas de ayer son hoy cargos públicos. Los alborotadores callejeros ahora son diputados. Los revolucionarios intransigentes llevan el pin de la Agenda 2030.

Las trifulcas ahora se resuelven en las redes sociales. Las muertes en política ya no son físicas, sino sociales: la peor consecuencia será que la víctima se vea obligada a trabajar para vivir.

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Porque eso de la política ya hace muchos años en España que es un terreno sólo para clases medias y altas. Si antaño era una vocación y un servicio a una idea, por cuya realización valía la pena arriesgarse, hoy simplemente es otro negocio más, con unas reglas bien definidas y conocidas.

Por eso a nadie debería extrañarle que nadie muriera durante el desarrollo del "Procés" de independencia de Cataluña. Solamente recibieron palos los tontos útiles movilizados por buena parte de la burguesía catalana.

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Por eso se mantiene un nivel de violencia verbal que nunca va a más. En los extremos de la política viven unas manadas de frikis, más entretenidos en despellejarse virtualmente que en hacer realidad sus discursos onanistas.

Por todo ello, que a nadie le extrañe que tanto el PSOE como el PP puedan llegar a hablar con Puigdemont. Que a nadie le extrañe que haya una Amnistía para los golpistas del 1 de octubre de 2017, simplemente camuflada bajo un eufemismo. A fin de cuentas, todos los políticos españoles (separatistas incluidos) son de la misma clase, están en los mismos negocios y entre estos, España es un solar donde pueden seguir con sus asuntos.

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Las élites extractivas españolas, el tinglado español, ya nada tiene que ver con los intereses de los españoles. Son una clase social con sus propios objetivos.

El pueblo español nunca podrá deshacerse de ellos si no surge otra élite, con el requisito de que esté dispuesta a arriesgarse, a perderlo todo, por el interés nacional.

La cuestión es la siguiente: ¿podrá nacer un tipo humano entre la actual masa de desarraigados, migrantes, hedonistas y clientes del poder? El tinglado actual espera hacerlo inviable.

Nada es inevitable y toda clase parasitaria acaba engendrando sus enemigos. Que España siga existiendo o no, será por obra y gracia de aquellos que asuman su propio sacrificio.