La cultura de los flojos
Está siendo noticia la implantación de un "pase verde" en países como Francia o Italia para poder acceder a establecimientos como bares y restaurantes. Si bien en España no se han atrevido a hacerlo, porque nuestra densidad de tales negocios es inmensamente elevada en comparación a aquellos lugares, pese a intentos como en Canarias o Galicia, es evidente que pronto se hará...
El Certificado COVID por haberse vacunado como pase para tomar una copa será la recompensa para aquellos que aceptan someterse. Y la mayoría lo harán gracias al imperio de la cultura de los flojos: no queremos luchar, no queremos pensar, tomen nuestro dinero y hagan algo. Y vaya sí lo hacen.
Como la gente deseaba volver cuanto antes a la normalidad, por muy mala que fuera, se les ha ofrecido un amplio abanico de vacunas en fase experimental. Solamente deben seguir usando mascarilla, mantener distancia física, lavarse las manos... porque eso ya es la normalidad y el pase a un poco de diversión es el premio a no plantearse nada. No piensen, no vale la pena.
Del mismo modo que ahora se aplaude a atletas que exhiben su debilidad, profesionales que han llegado a lo más alto a base de sacrificio y entreno, se ven encumbrados definitivamente en el Olimpo de los flojos, por encima de su anterior condición.
Del mismo modo que se nos anima a pedirlo todo por internet y que nos traigan la comida a domicilio, arruinando la economía local y favoreciendo la explotación de trabajadores eventuales. Es tan cansado ir a la tienda... Mejor movilizar contaminantes flotas de barcos, aviones y camiones para que nos traigan una pizza a casa.
Del mismo modo se anima al teletrabajo: desde casa, usando electricidad que pagamos nosotros, con nuestro propio equipo informático, disponibles 24 h. O usando apps que se enriquecen gracias a nuestra vanidad o "emprendimiento".
El sueño dorado del capitalismo son trabajadores aislados, se acabaron las grandes fábricas con masas de obreros unidos.
Del mismo modo, se decide que los alumnos no pueden suspender y se permite a gente que apenas comprende lo que lee o lo que observa, llegar a la universidad para ser, tal vez, gente que nos tenga que curar o dirigir políticamente. Socorro.
Es un mundo en el que hemos pasado del Estado del bienestar al Planeta del bienestar, con la diferencia de que la élite dirigente actúa de manera desmovilizadora, desmotivadora: si todo lo piensan unos cuantos, si todo lo hacen las máquinas, si tu salud se resuelve con un pinchazo (ya sea vacuna, ya sea eutanasia o aborto), si el amor es de quita y pon, y si tu nacionalidad es un papel sellado... Es innecesario luchar, hemos llegado al final del trayecto y todos los sueños de la humanidad ya se realizaron.
Pero la humanidad es más fuerte que todo eso. La historia nos demuestra que al final la realidad, tozuda, se impone y que solamente una cultura de la fortaleza, de la virilidad, de la maternidad, del orgullo y del sacrificio aseguran el futuro, incluso para la misma élite. Cuando solamente se desea gozar del fruto sin sembrar nada, llegará el hundimiento.













