Milei, ¿el Trump del sur?
Javier Milei ya es presidente de Argentina, tal y como se veía venir desde hacía tiempo. Era lo normal, en un país devastado por una crisis social y económica endémica, que los electores acabasen inclinándose por quien promete hacerlo mejor y diferente. Que los grandes medios lo presenten como a un loquito, hace ya años que cada vez a menos votantes de las modernas “democracias” liberales les importa muy poco, por no decir nada. Los típicos discursos buenistas y la superioridad moral no llenan la nevera.
¿Y ahora qué? Pues todo parece indicar que se avecinan recortes a mansalva… Eso con la condición de que pueda imponerse a todo el tinglado social y económico que ya está cristalizado en Argentina. Es un Estado sobredimensionado, esquilador, con gran cantidad de impuestos abusivos. Si no lo consigue, lo más probable es que haga algunas reformas superficiales y se deshaga de algún cabeza de turco. Que venda empresas públicas a cambio del enriquecimiento de algunos y sin mejoras aparentes… En definitiva, la enésima decepción de la gente que aún acude a las urnas en el Occidente democrático. La gente en Argentina se ha volcado al extremo contrario, como reacción.
Enfrentado a la realidad de la gestión pública, este motejado “ultraliberal” va a comprobar lo complicado que es pasar de la motosierra, del ceño fruncido, a la realidad de un país arruinado por gente que decía ser peronista, pero que solamente han hecho uso de los recursos nacionales para enriquecerse. No puede ser que haya peronistas desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. El peronismo, desafortunadamente, ya solo es un significante vacío. Que haya un Milei, a pesar de todo, tal vez sea terapéutico. Si ha de derribar o destruir algo… ¿acaso eso no estaba ya podrido hasta la médula?
De hecho, Milei lleva a muchos peronistas en su gobierno, no sólo de alianza forzada con Juntos por el Cambio (el PP argentino) donde Bulrich es peronista, sino dentro del mismo partido liberal lleva a gobernadores, intendentes, diputados que son peronistas. Es decir, el peronismo es humo porque hay de absolutamente todos los colores políticos. (De hecho el gobierno más liberal que reventó a Argentina fue el de Carlos Ménem, que era peronista).
¿Será el Trump del sur? De momento habrá mucho ruido a su alrededor, tal vez para nada. Porque, seamos sinceros, tras el paso de Trump por la administración estadounidense ¿ha cambiado en algo la política de la superpotencia? ¿algo de su visión del mundo? En absoluto. Si bien durante el mandato del millonario rubio la política exterior se hizo más soportable para el resto del planeta, fue porque se volcó hacia la otra cara de la ideología tradicional yanqui: el aislacionismo.
Sí que es cierto que Trump, en el marco económico, atacó la deslocalización de empresas y logró atraer de nuevo a los USA a muchas que estaban fuera, e incluso metió aranceles en 2018 a productos de Pekín, pero también a algunos productos de Europa. Eso en cierto sentido fue más pro-Estado que las intenciones de Milei de privatizar todo Argentina. Pero claro, se parte de situaciones completamente diferentes.
Milei, si en verdad desea hacer una política que pueda reorientar el camino de Argentina, debe jugar todas las cartas a su disposición. Realpolitik. Hacerse amigo de chinos, rusos y otros zurdos mientras se abraza con estadounidenses y japoneses. De momento, parece que ha renunciado a todo eso y se va a adherir a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y no se va a adherir a los BRICS. Lo que significa es que Argentina va a sufrir su propia doctrina del Shock, y, tal y como le pasó a Rusia en los años 1990, el capitalismo más salvaje va a arrasar al país. Pero tal y como indiqué antes, tal vez sea eso lo mejor para que los argentinos vuelvan a creer en sí mismos. Si Argentina fue una vez la 1ª potencia económica del mundo, lo puede volver a ser. Y Milei sería un escalón hacia ello.













