El Estado, la fontanera... y la cloaca entera

Que algo huele a podrido en España se sabe desde hace mucho tiempo. La eclosión de un personaje como Leire Díez, apodada “la fontanera” en alusión a las cloacas del Estado, allí donde se hace la verdadera política de este país, no puede pillar ya a nadie por sorpresa. Es una hija natural del Régimen nacido oficialmente en 1978.

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La misión de la actual clase política española no es España, ni el pueblo español, sino el mantenimiento del poder a cualquier precio. Esto ha sido históricamente así desde hace 150 años, cuando en 1875 recobraron (la Restauración) los Borbones la corona española tras el llamado “Sexenio revolucionario” que duró desde 1868 con la expulsión de la reina Isabel II por el general Prim, hasta el golpe de Estado que acabó con la I República en 1874.

Toda la historia del siglo XIX español es la historia de una decisión basada en un falso dilema: se planteaba a los españoles la necesidad de ser modernos y europeos o de quedar estancados y aislados. La medida era afrancesarse o britanizarse como medidas de progreso superior, o seguir una vía propia que necesariamente pasaba por todo lo contrario. Todo era una falsedad muy bien construida.

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La clase política española y la monarquía borbónica pactaron la fórmula que sigue aplicándose hoy, tras la Segunda Restauración de 1975 (la Transición), ya en 1875: el turnismo entre dos partidos liberales, uno más progresista y otro más conservador, que se iban alternando en el poder mediante pucherazos electorales, manejados por caciques locales que en unas elecciones favorecían a unos, y luego a otros, ordeñando recursos y negocios, haciendo de España un inmenso cortijo, mediante recomendados, cortesanos influyentes y hombres sin escrúpulos. Y en cuanto a la política exterior, a expensas de las limosnas de Francia, Inglaterra o Alemania, las potencias de la época, mientras se jugaba a ser algo en el mundo. ¿Les suena esta situación de 1875? ¿A qué sí?

Esta situación no se ha mantenido ininterrumpida desde hace siglo y medio. Intelectuales hubo como Joaquín Costa (1846-1911) que ya clamaban contra el subdesarrollo manifiesto de España y la inmensa corrupción que destruía a España por dentro. Su remedio: Despensa y escuela; Política hidráulica. Que fueron precisamente las fórmulas empleadas por los regímenes españoles donde no hubo Borbones ni oligarquías a su servicio. Es triste que solamente se hayan emprendido verdaderas obras de progreso y construcción destinadas al pueblo español en regímenes que, hoy, son difamados y tildados de antidemocráticos por un entramado de intereses que nunca han ido, ni irán, a favor de los intereses de un pueblo al que dicen representar…

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Ese entramado democrático ya ha llegado a la culminación de la obra y ahora somos un país moderno y europeo, con todo lo que ello comporta: impuestos para todo, fronteras abiertas, corrección política, individualismo, abolición del sexo, comida basura, desindustrialización, comercio ilimitado de objetos y sujetos… Hemos llegado a la fase en la cual la única misión del poder político es mantenerse, mediante la red clientelar de amigos, familiares y conocidos, que se expande hasta ocupar cada rincón del Estado. Es una situación tan golosa que contenta a todos, incluidos los antiespañoles.

¿Despensa y escuela? ¿política hidráulica? Eso son señuelos reaccionarios y bulos antidemocráticos. Sean modernos, sean europeos: Voten, voten y en cuanto puedan, súmense al cacique local más cercano azul, verde, amarillo o rojo como en el parchís, para su parte del pastel.

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