La decadencia de Occidente
Occidente, es decir, el conjunto de países situados a ambas orillas del Atlántico en su parte norte, Europa y Norteamérica, así como también Japón y Australia y adyacentes, está en decadencia desde su gran triunfo, que fue el hundimiento del bloque soviético a principios de los años 1990.
El gran triunfador, los Estados Unidos, lo celebró intentando hacer de todo el planeta un solo mundo: empezó cercando a la antigua Unión Soviética para trocearla y seduciendo con inversiones a China para cambiar el régimen por dentro. Fracasó. Ahora Rusia vuelve a ser una potencia que incluso se atreve a desafiar, como en Siria, los planes yankees, y China se ha convertido en la zona industrializada del planeta, extendiendo su influencia por todos los continentes y adelantando tecnológicamente a Occidente.
Pero no solamente esto: la separación entre las élites occidentales y los pueblos que gobiernan es cada vez mayor, hasta tal punto que la aparición de un virus ha mostrado la existencia de dos modos de vida completamente distintos y la desaparición del Estado del bienestar, aquel en el cual los trabajadores que se esforzaban podían tener su coche, su segunda residencia y sus vacaciones pagadas, una sanidad pública, un sistema educativo decente y un trabajo digno. Hoy, todo lo anterior ya está llegando a ser inalcanzable de una manera acelerada tras la pandemia.
El fantasma que recorre Occidente es el miedo, la represión y la censura. Aquellos que prometían el mejor de los mundos posibles lo están consiguiendo... para ellos. La condición es que la mayoría de la población acepte que vive en un mundo con pocos recursos y acepte, incluso de buen grado, vivir de manera muy limitada por el bien del planeta.
Mientras los Estados Unidos siguen intentando imponer su visión del mundo, en Occidente todo ha sido girado al revés: la biología es sustituida por la fantasía; las mujeres por "personas gestantes"; la familia es todo lo que sea definido como tal; decir las cosas por su nombre puede ser censurable, incluso delictivo; las guerras son humanitarias; votar cada 4 años es democracia; la propaganda es información rigurosa; las redes sociales son la sociedad; la enseñanza escolar es un patio de recreo; tener trabajo y no poder comprar nada; esperar a los 40 para ser madre; comercio legal de esclavos que llegan en pateras; racismo antirracista; comer mierda a precio de oro; showmans dando consejos médicos...
Y mientras esta decadencia, envuelta en locura, avanza, otras culturas y civilizaciones continúan adelante porque viven en el mundo real: toman de Occidente lo que les conviene, pero rechazan la doctrina materialista que una vez nos hizo los amos del mundo, pero que ha terminado por apoderarse de todo. Desde que la economía pasó de ser herramienta a valor en sí misma, hasta el honor se puso en venta, y tras ello todo lo demás...













