El fin de la historia
Hecho 1: Hace algún tiempo compartí en mis redes sociales un hermoso cuadro de Emile Corsi, La arpía (1875). Siempre me ha gustado mucho el estilo prerrafaelita y suelo disfrutarlo. En este caso, caí en un engaño, ya que este autor nunca ha existido. Un usuario de X me reveló la verdadera identidad del tal Corsi, el cual no era sino una simple Inteligencia Artificial (IA). Acostumbrado como estaba a la torpeza de esa tecnología, cuyas imágenes o contenían graves errores o carecían de alma, me engañó la belleza y perfección de una imagen que parecía realmente genuina.
Hecho 2: Precisamente en la red social X estoy viendo continuamente imágenes generadas por un chatbot de IA llamado Grok. Imágenes totalmente realistas, fáciles de crear donde puedes hacer aparecer a quien desees, haciendo lo que sea, acompañado de quien sea… Si no posees el contexto adecuado, o la cultura, ciertamente podría ser muy fácil que te las pudieras llegar a creer. De momento, aún no…
Hecho 3: Recientemente Google ha fabricado un chip basado en la ingeniería cuántica. Es una tecnología cuyas aplicaciones futuras nos son totalmente desconocidas. Tal y como hace tan solo 25 años nadie sabía adónde nos iba a llevar aquel reciente Internet. Este chip en particular es capaz de solucionar operaciones matemáticas complejas en un tiempo asombroso. Concretamente, soluciona en cinco minutos lo que un chip actual normal tardaría ¡13.000 millones de años! (más que la edad de nuestro universo). Y no, no es propaganda ni es broma, es así.
Avanzamos tecnológicamente a una velocidad de vértigo. Los hechos anteriores me han recordado dos simples datos que, a mi parecer, nos pueden dar una pista de lo que nos puede esperar en el futuro.
En 1994 fui al cine a ver la película Forrest Gump, protagonizada por Tom Hanks. Una de las cosas más destacadas de esa película era la mezcla de imágenes, que creaba una ilusión de realidad. El protagonista vivía varios episodios clave de la historia de los Estados Unidos, que habían sido filmados y eran muy famosos. Se le veía dentro de la escena interactuando con los presidentes J.F. Kennedy, L.B Johnson, con John Lennon, y otros. En ese momento, sin Internet en casa ni teléfonos móviles (masivamente, se entiende) era algo alucinante. Las falsificaciones y fantasías hasta ese momento, como la manipulación de fotos, nunca habían alcanzado ese nivel de perfección, tratándose en cualquier caso de imágenes borrosas o cuyas deformaciones podían inducir a la duda. Pero ya no…
El otro dato lo hallamos en George Orwell y su famosa distopía 1984. Aunque es una narración fruto de su época, justo en el estallido de la Guerra Fría y la división del planeta en bloques enfrentados, donde también vemos una tecnología muy de los años 1940, lo que llama la atención es la fabricación constante de la realidad según las órdenes del gobierno. Cuando se produce un cambio de alianzas geopolíticas o algún alto cargo cae en desgracia, inmediatamente, desde el Ministerio de la Verdad (el que se encarga de la propaganda y las mentiras) se procede a modificar todos los periódicos, todos los documentales, todos los libros publicados hasta la fecha para demostrar que, como siempre, el Partido tenía razón y todo lo que sucede es lo correcto.
No soy profeta, pero vista la situación actual, de una Segunda Guerra Fría en un planeta donde se están dibujando nuevos bloques enfrentados entre sí, y donde las tecnologías para recrear imágenes que nunca existieron (y quien dice imágenes, dice noticias, ideas o discursos), todo me inclina a pensar en la posibilidad de la desaparición de la Historia.
La Historia, como disciplina académica encargada del estudio del pasado humano, puede llegar a desaparecer si personas, grupos, multinacionales, gobiernos… deciden que es una carga inútil y que lo mejor es imaginar pasados ideales, subjetivos, donde nuestros antepasados son los mejores, donde lo que no nos gusta que pasó, realmente no pasó. No estoy diciendo que pueda haber diferentes interpretaciones o sesgos sobre algunos hechos históricos, sino que pura y simplemente se reinvente cada cual, a su conveniencia, una Historia pret-a-porter.
¿Y qué significado podría tener esto? El fin de la humanidad a nivel cognitivo, cultural. Somos la única especie con Historia, la cual nos ayuda a tener una identidad, a saber lo que somos y, sobre todo, hacia adónde queremos ir. Es el primer paso hacia el átomo indiferenciado flotando en el espacio vacío sin fin. Sin raíces, entes fluidos que a cada instante pueden cambiar de forma, contenido y significado.
Los juegos cibernéticos con imágenes altamente realistas serían otro paso más en esa dirección: la realidad será la mentira y nadie podrá saber qué sucede realmente.













