España es racista
España es un país tremendamente racista y nadie podrá negarme las evidencias. Solamente hay que seguir las noticias para verlo.
El racismo designa a todas aquellas actitudes y pensamientos orientados a considerar a una raza mejor que las demás. Si las razas no existieran, ese concepto sería imposible y entraría en el terreno de la fantasía, pero al formar parte del lenguaje cotidiano y al designar a personas y grupos por parte del gobierno y de organismos oficiales por todo el planeta, hemos de pensar que efectivamente, las razas existen. Los que aseguran lo contrario mienten entonces.
Una vez sentado esto, nos encontramos en España con un panorama interesante. La Constitución democrática de 1978 afirma taxativamente y sin ningún género de dudas, en su artículo 14 que “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. La misma Constitución democrática afirma la existencia de las razas.
Pero, siendo que TODAS las razas están protegidas contra el racismo en España, vemos que hay razas que son más iguales que otras. Me explico: la existencia de este artículo no impide que se haga sospechosa de antisemitismo cualquier crítica en España al Estado sionista de Israel, que ocupa ilegalmente un territorio robado a sus legítimos habitantes desde 1948. Tampoco impide ocultar la multirreincidencia delictiva de menores magrebíes en las ciudades españolas, siendo que encima han sido abandonados por sus familias y retenidos fuera de su país.
No impide que todo grupo de violadores sea denunciado con fotos, nombres y apellidos a condición de que sean bien blancos y autóctonos. No impide el señalamiento de adolescentes con actitudes indecorosas ante muchachas de colegios bien, de familias también bien…
En definitiva, la situación racista en España es un escándalo: si los miembros de una minoría provocan actos delictivos, su origen se suele intentar solapar u ocultar. Si el criminal es español de origen (español de origen es una expresión que existe en la Constitución española), entonces se destaca y si es posible se hace todo el hincapié posible sobre el hecho de su autoctonía.
Se trata al español medio como si fuera tonto. Y eso es racismo también. Las personas normales ya sabemos que la criminalidad no entiende de razas, clase social o religión, del mismo modo que sabemos que no se puede elevar al altar a ninguna raza, o justificar su comportamiento sin tener en cuenta el contexto: si los gobiernos y multinacionales occidentales insisten en traer esclavos de otros continentes a Europa, es bien normal que esas masas, de otras razas y culturas, no se puedan adaptar, se vean sometidas a condiciones laborales de mierda que se extienden al conjunto de la sociedad, intenten sobrevivir a costa de lo que sea: luego acaben delinquiendo. Esa es la situación que los gobiernos y las élites han provocado, de las que acusan al pueblo. Y eso es racismo.
Así que sí, España es racista y por duplicado: con los dirigentes políticos y económicos explotando a africanos y culpabilizando a europeos, y con el pueblo que se ve muchas veces forzado por las circunstancias a defenderse de quienes hacen de sus calles y sus vidas un infierno.













