Nadie vendrá a rescatarles
Tras lo visto en Valencia por las inundaciones que han causado una tragedia todavía en marcha, y que tardará meses en recuperar la normalidad y que ha abierto una herida en la sociedad valenciana y española que, con toda seguridad, jamás sanará… descubro de manera palpable una realidad con la que antes solamente había teorizado, pero que ahora se abre ante mis perplejos ojos: la transformación de un país del primer mundo en uno del tercero mediante la aplicación de las panaceas democráticas y liberales de Occidente.
Que nadie se llame a engaño. No se trata de reivindicar un modelo alternativo al capitalismo occidental basado en los derrotados comunismo o fascismo. Aquellos ya quedaron bien enterrados en el cementerio de la Historia, del que nunca ha salido nadie a pesar de todos los rituales propiciatorios.
La cuestión es otra. España ha pasado de ser un país soberano, con todas sus evidentes limitaciones, pero soberano, a tener una situación de país sometido, con una clase política que piensa y actúa como la representación indígena de los intereses de poderes extranjeros, los cuales usan el territorio, los recursos y la población para satisfacer objetivos ajenos e incluso contrarios a la libertad o prosperidad del pueblo español. O dicho de modo más claro, somos un país que involuciona hacia el tercer mundo.
Las señales son claras y no las podemos ignorar.
- Nuestra industria y nuestras infraestructuras están siendo desmanteladas. Las inundaciones de Valencia han hecho visible, a las malas, que la destrucción de presas bajo el pretexto ecologista ha hecho más grave la catástrofe. Son políticas que no se entienden bajo un punto de vista de la prosperidad colectiva. Una cosa es implementar métodos que causen un bajo impacto ambiental y otra es pura y llanamente destruir industrias, o deslocalizarlas, o venderlas. Los humanos hemos podido llenar el planeta creando estructuras apropiadas: hacer lo contrario es alentar la despoblación, luego el genocidio.
- La desaparición de la clase media. Cada vez es mayor la diferencia entre ricos y pobres en España. Cada vez es peor la calidad de las condiciones de los empleos, donde la clase obrera autóctona está desmovilizada por los sindicatos del Régimen y enfrentada a una competencia interior con la importación en grandes cantidades de esclavos del tercer, ya cuarto, mundo. La precarización y la degradación del entorno sanitario, educativo, laboral y la imposibilidad de poder formar una familia, hacen del español medio una víctima aislada. A todo ello se suma la desaparición del sector público, sometido a recortes que sirven para desviar dinero destinado a servicios para sueldos y bolsillos de políticos sin escrúpulos.
- País periférico sometido a las decisiones de instancias superiores. Es evidente que en un mundo cada vez más interconectado, es necesario que los países puedan llegar a acuerdos en problemas globales. Pero otra cosa muy diferente es aceptar sin rechistar las condiciones que directamente atentan contra nuestra soberanía y nuestra prosperidad, como enemistarnos con Argelia y hacernos amigos de Marruecos; apoyar sin reservas al proxy ucraniano de la OTAN y dejar de vender productos agrícolas a Rusia; apoyar el imperialismo yankee en todas partes… Así como a Alemania o Francia en una Unión Europea diseñada a “dos velocidades”, es decir, ricos y pobres. Recuerden que hay un grupo de cuatro países al que llaman PIGS (cerdos) en el cual estamos incluidos.
Ante esta situación el pueblo español, que no es ni estúpido ni cobarde a pesar de todas las toneladas de propaganda derrotista, humillante, negrolegendaria, y últimamente woke, reacciona. Y como reacciona contra los intereses de los extranjeros, de las multinacionales y del espíritu torcido de esta época, es automáticamente estigmatizado como “ultraderechista”, ya que el concepto “pueblo”, antaño tan usado por la izquierda, ahora ya es un término reaccionario y peligroso.
La expresión que ha hecho más fortuna estos días de tragedia nacional ha sido “Sólo el pueblo salva al pueblo”. Una frase que molesta muchísimo a los guardianes ideológicos del Régimen, para los cuales la plebe es una masa de incultos e ignorantes a los que se debe educar en la dirección “correcta” (para sus intereses, claro).
Es paradójico que este eslogan haya sido calificado como ultraderechista, dado su origen claramente comunista. Pero ya sabemos que lo más importante de las ideas y de las frases no es de dónde vienen, sino a dónde nos llevan. En este caso, al enfrentamiento contra el Enemigo, que nos define como nos define a los españoles normales.
Los españoles no son fascistas. Ni comunistas. Ni nada de eso. Cualquier nostalgia del franquismo que se pueda observar estos días es sobre todo una simple reacción emocional que busca donde aferrarse en su deseo de tener un gobierno al que pueda llamar español, un gobierno de verdad, no los monigotes actuales, no el tentetieso coronado ni la reina que no soporta, aparentemente, el olor a pobre cuando vemos que se tapa la nariz.
Un Jefe de Estado que solamente sabe poner cara compungida, pedir disculpas y dejarse manejar como un monigote no transmite ninguna seguridad, ninguna fortaleza y ninguna confianza. Es tal cual como un delegado cualquiera de un gobierno colonial. A Franco en su época unos le odiaban y otros le amaban, pero era muy difícil poder despreciarle. Por eso siempre se le ha intentado ridiculizar, antes de hacer desaparecer su nombre y su obra de la Historia, ya que la comparación con la actualidad chirría bastante…
Un presidente del gobierno que huye al minuto de ser increpado en Paiporta, un presidente de la Generalitat valenciana que tira balones fuera, una clase política cuyo único horizonte es intrigar sobre nuestros cadáveres aún frescos… jamás podrán ser un referente para cualquier sociedad sana, que desea líderes fuertes, que peleen por su pueblo. Pero ya hemos dicho antes que todo eso es “reaccionario”.
Todo movimiento de liberación nacional y todo pensamiento que vaya en esa dirección será convenientemente demonizado. Están tan seguros en su dominio, tanto como lo estaban en la Unión Soviética poco antes de su caída, que cada vez se hallan más lejos de la realidad. Y algún día su dominio será arrasado igual que en la tragedia de Valencia, pero nadie vendrá a rescatarles.













