Regularización de inmigrantes a la carta
El pasado día 14 de abril, me personé para hacer un envío en una oficina de Correos, donde cada vez las colas son más insufribles. Mientras esperaba, me fui enterando de los motivos.
Una persona de acento hispanoamericano preguntaba acerca de cuándo se podía pasar para tramitar su regularización. No fue la única. Los trabajadores de ventanilla les informaban, con resignación, de que no tenían instrucciones al respecto, a seis días del anuncio en los medios de que van a ocuparse de la mayoría de estas gestiones, que afectarán a un millón de personas, ahí es nada. Con cero instrucciones, el caos está garantizado.
Correos este año se ha jactado a bombo y platillo de obtener sustanciosos beneficios. Un servicio público siempre es deficitario, pero parece ser que el Servicio Postal no debe de serlo, a costa de que los usuarios se agoten esperando a ser atendidos y los trabajadores desfallezcan con un volumen de trabajo cada vez más ingente, mientras sus directivos siguen cobrando voluminosos bonus, por supuesto.
¿Por qué? Me he molestado en consultar a fuentes cercanas a este servicio y bucear en prensa y, como comprenderán, la respuesta es muy sencilla. Resulta que el secreto del éxito empresarial no es la eficiencia, sino la magia financiera.
Correos lleva, en torno a un año, clausurando oficinas, principalmente en centros comerciales, mientras vende patrimonio. Se ahorra alquileres y se embolsa dinero por la venta de oficinas de su propiedad (el dinero público ayuda muy bien a cubrir el balance). No contrata apenas trabajadores para cubrir bajas y vacaciones, ni tampoco para reforzar servicio en épocas de aumento de trabajo: Navidad, elecciones, Black Friday, etc.
Y en cuanto a la regularización de inmigrantes, se anuncia en sus oficinas a partir del lunes 20 de abril. Mientras la Seguridad Social ya está saturada, contratando a gente a tal efecto y pagando las horas a 25 euritos, a los trabajadores de Correos ni se les ha formado a día de hoy, ni se les ha anunciado si la sobrecarga laboral les va a ser compensada de alguna forma, no siendo precisamente un servicio postal. Es el triunfo del minimalismo capitalista. Eso sí, los directivos seguirán cobrando sus bonos por objetivos: faltaría más, coordinar este desastre requiere un talento que merece ser recompensado.
Como agravante, muchas de las personas que llegan a nuestro país, no hablan castellano (no todos son hispanoamericanos, oigan), y tampoco es un requisito, para trabajar en Correos, hablar idiomas. Pero tal vez en seis días recurran a manuales del tipo “Hable inglés, francés o suajili en 6 días” para que el empleado, entre un paquete de Amazon y un burofax, pueda asesorar legalmente en cinco idiomas. A fin de cuentas, la improvisación es la lengua oficial de la casa.
Ustedes no se preocupen, no obstante, porque si van a comprar a El Corte Inglés, no tendrán que sufrir por si hay broncas, porque el papeleo sea lento o haya problemas en un trámite a cargo de gente sin formación adecuada para gestionarlo. Eso sí, si van a una oficina de Correos, donde se carece de agentes de seguridad (como sí los hay en el resto de los servicios públicos), vayan armados… de paciencia. O de un saco de dormir.













