Canadá, ese país tan guay
Desde el 1 de enero de este año 2023 los extranjeros ya no pueden comprar una primera residencia en Canadá. Excepción hecha de segundas residencias (millonarios welcome), extranjeros residentes y refugiados. Esta fue la una de las promesas del actual primer ministro canadiense, Justin Trudeau, para su reelección en 2019.
Parece una decisión sorprendente por parte de un gobierno totalmente entregado a políticas multiculturales y a todas las que se pueden considerar “progres”, pues no en vano Justin Trudeau es hijo de Pierre Trudeau, el primer ministro (dinastía democrática) que en 1971 declaró que Canadá era constitucionalmente un país multicultural y que en 1973 creó el Ministerio del Multiculturalismo…
Y ahora resulta que en el país que quiere ser el más guay del planeta, aunque sigue siendo uno de los más contaminantes, el que secunda las políticas intervencionistas de los USA y que se alinea sin reservas con Israel (no es nada personal, son negocios), se quiere levantar una frontera entre ciudadanos y extranjeros para la adquisición de una vivienda (al menos durante dos años).
El motivo principal es la grave crisis inmobiliaria que atraviesa Canadá, agravada por las cuatro subidas consecutivas de los tipos de interés desde este verano pasado. Para poder comprar una vivienda los sueldos ya no alcanzan (deberían triplicarse) y no digamos alquilar. Entonces la solución escogida NO ha sido limitar los precios, controlar el mercado, subir los salarios. Que son progres, y su política consiste en ponerles faldas a los semáforos o decir que fumar marihuana es maravilloso, no gobernar para el pueblo y cosas de esas…
A decir verdad, solamente un 5% de las viviendas canadienses están en manos de extranjeros no residentes… Lo que significa que esa medida y nada será lo mismo. Resulta muy divertido proclamar el amor por la inmigración y la acogida en un país cuya única frontera terrestre es con los USA, en una latitud durísima para vivir entre dos océanos y con un nivel de vida inasequible para la mayoría del planeta.
Otro caso es México, adonde se trasladan muchos yankees que no necesitan estar atados a una ciudad estadounidense para realizar su trabajo (a distancia), reventando los precios del mercado inmobiliario y condenando a muchos mexicanos a no poder acceder a un lugar digno para vivir en su propio país. O incluso lo que se está viendo en muchos rincones de nuestra España, donde la oferta inmobiliaria y de servicios ya solamente contempla a los extranjeros, quedando vetados muchos españoles a alquileres dignos por la especulación al alza, en un mundo globalizado donde ya no es que haya en las ciudades barrios ricos y pobres como siempre, sino que poco a poco se están segregando ciudades, regiones y pronto países enteros, como Canadá.
Si antaño las oleadas de invasores empujaban a los pueblos hacia otros territorios, desplazando a los nativos a su vez a golpe de espada, hoy es a golpe de especulación inmobiliaria (gentrificación le llaman) cómo algunos países dictan leyes presuntamente “racistas” para simplemente hacer que desaparezcan las culturas con sus pueblos, sustituidas por masas clasificadas según el dinero que tengan o sean capaces de producir.
No es que Canadá ayude a sus ciudadanos ahora mediante leyes proteccionistas, es que ayuda a la mano invisible del mercado a “autorregularse”. Qué cosas más curiosas.













