Entre la salud y la paguita

Se viene hablando de que España bate récords de bajas laborales, pero nada se habla sobre las condiciones de trabajo en las que nos ganamos el pan en nuestro país.

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En la mayoría de las empresas, el trabajador tiene que multiplicarse por dos o por tres, el caso es ser altamente productivo y qué cotice Rita la Cantaora. Ante el aumento progresivo de ciudadanía que requiere de ayudas sociales, obviamente, de algún sitio hay que recortar gasto y no va a ser de los sueldos de los que nos gobiernan ni de sus asesores, así que, por ejemplo, recortamos en atención sanitaria.

Así, si un trabajador padece un accidente o enfermedad laborales, esto es más objeto de polémica que nunca, todo es enfermedad común para si tiene que estar de baja, qué cobre menos… nos hacen sentir objeto de regateo en un mercadillo. Y no digamos ya, si, aunque sea tratada inicialmente su dolencia como, por ejemplo, accidente laboral, deja secuelas. Entonces lo que le ocurre al currito es que, simplemente, “es viejo”. Sin regateos. Fin del caso.

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Una persona de mi entorno ha sufrido una lesión. El sistema de salud público le ofrecía meses de espera para que le atendiera un traumatólogo. La mutua del trabajo también. Se quiere recuperar, y lo está intentando mediante la sanidad privada. Le controlan a cada minuto su evolución, tanto la mutua del trabajo, el médico de cabecera y hasta el médico de su empresa, pero nadie le ofrece un tratamiento de recuperación, excepto pastillitas para maquillar el dolor. Sumémosle al problema de salud, el hartazgo de tener que estar todo el día dando explicaciones a un montón de personas, como si tuviera que excusarse por algo: Surrealista.

No es de extrañar, por tanto, que en un país con esencia genética de Lazarillo de Tormes y en el que los sueldos son paupérrimos, tristemente, una persona cuando tenga un problema de salud ya no tenga ganas de pelear por si es fruto de su desempeño laboral con la famosa reclamación de contingencias… para qué. Pero lo más preocupante, es que la persona no tenga ningún interés en recuperarse, sino que dadas las condiciones en las que trabaja, contemple como un mal menor esperar pacientemente sea tratada la dolencia, meses después de que aparezca, a ver si con suerte, es irreversible y arroja una paga.

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Créanme si le digo, que, a mi amistad lesionada, le han dicho más veces todo tipo de personas, qué luche por una paga que por recuperarse.

La palabra “ayuda” ya no está vista con lástima sino con regocijo, hasta el punto de que nos dé igual cómo quede nuestra salud y cómo afecte a nuestras vidas, el caso es que “nos caiga dinero del cielo”.

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