No habrá Amnistía para el pueblo

Los indultos son el perdón total o parcial a personas que ya han sido condenadas. La amnistía en cambio es un perdón colectivo que no necesita que haya habido condena previa. Una vez sentados los términos, podremos ver con claridad que en España los indultos y las amnistías se conceden a los ricos, a los amigos o a los enemigos poderosos. No habrá amnistía para el pueblo, pues el gobierno no le teme, ni le necesita.

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En 1977 hubo en España una Ley de Amnistía donde se perdonaban todas las actividades políticas contrarias al régimen franquista, a la vez que también se perdonaba a las autoridades que las habían reprimido. Es más que evidente el sentido de borrón y cuenta nueva en un momento en que ambas fuerzas, franquistas y demócratas, estaban igualadas y llegaron a un compromiso: se temían.

Luego, una vez consolidada la democracia en España, ha habido otras tres amnistías en España: todas fiscales. Es decir, para ricos con dinero negro. Se les han perdonado sus actividades delictivas a cambio de un poco de lo que robaron. Mientras que al español de a pie no se le perdona ni un solo céntimo si se equivoca en la Declaración de la renta. Por pobre.

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La primera ocurrió en el primer gobierno del PSOE, en 1984, con el ministro Boyer. Gracias a ese dinero negro que afloró se agilizó la reconversión industrial, para así entrar en la CEE (ahora UE) con parte de la industria ya desmantelada.

La segunda fue en 1991 con el ministro Solchaga, del PSOE también; la tercera en 2010 bajo el gobierno del socialista Zapatero para ricos con cuentas en Suiza; finalmente, en 2012, bajo el gobierno con mayoría absoluta de Mariano Rajoy, del PP.

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También, de pasada, citaré que los indultos se han aplicado de manera masiva. Y ya pueden imaginar que habrá sido para amigos y conocidos, nunca para enemigos o desconocidos. Ni pobres. De este modo: bajo el gobierno de Felipe González (1982-1996) se concedieron 5.944 indultos; en el de José María Aznar, 5.948 (1990-2004); el presidente Zapatero indultó a 3.381 (2004-2011) y Mariano Rajoy a 898 (2011-2018). Es decir, 16.171 indultados.

Ahora, con un gobierno en funciones, el PSOE de Pedro Sánchez no va a perder la oportunidad de perdonar a los ex altos cargos socialistas de Andalucía, con el expresidente Griñán a la cabeza, por el caso de los ERE. Una malversación y prevaricación que resultó en 679 millones de euros de dinero público robados por políticos democráticos. Y les van a perdonar.

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Ahora nos acercamos a una quinta amnistía, que tendrá en común con las anteriores un rasgo característico de la política española: la debilidad, la impotencia, la incapacidad en suma. Porque amnistiar a quienes odian a España y que, sorpresa, no van a dejar nunca de odiarla, es un signo de debilidad y de sometimiento a aquellos que desde el minuto 1 les han protegido desde las instituciones de la UE y que, otra sorpresa, no se trata de Rusia. El gobierno español es un títere del globalismo y va a hacer una amnistía con el nombre y el eufemismo que sea. Otra cosa es si un ciudadano aparca mal o no recicla bien: no se va a salvar de la multa ni muerto.

En resumen, una persona o un grupo puede saltarse todas las leyes si dispone de los medios para ello (Israel, Puigdemont, Open Arms, Juan Carlos de Borbón…). Es algo que ya sabían nuestros antepasados desde la Antigüedad y que tan bien quedó reflejado, por ejemplo, en las fábulas de Esopo: Se castiga ejemplarmente a todos los ciudadanos que se defienden por sí mismos, la justicia popular es despreciada y considerada bárbara, y resulta que los mismos ciudadanos que son los depositarios de la legitimidad política y que con su voto determinan la composición del parlamento, son los mismos que son incapaces de decidir en materia de justicia y cuya opinión está por debajo de las leyes.
Por supuesto, ahora van a disputar (un poco) el poder ejecutivo y el poder judicial, aunque tampoco podemos esperar mucha cosa: los jueces son designados por los partidos políticos, rompiendo la presunta separación de poderes.
Sea como sea, habrá amnistía y lo que surja.