El pensamiento crítico es ultraderecha

Tras el trágico accidente ferroviario del tren de alta velocidad en Córdoba, asistimos a una representación en la cual se interpretan varias escenas superpuestas y que se solapan las unas a las otras. El horror que viven las familias de las decenas de fallecidos; la investigación sobre las causas concretas del accidente; el reparto de presuntas responsabilidades; el cruce de acusaciones entre los políticos; la construcción del relato; etc.

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De todo eso, que hemos visto mil veces ya, lo más obsceno es la construcción de un relato político, el consumo de un espectáculo donde se mezcla lo morboso, lo escandaloso, lo luctuoso y lo emotivo para generar enfado, rechazo, frustración y violencia, en definitiva. La sociedad del espectáculo lo devora todo.

Manipular a una masa de personas no ofrece mayor dificultad si controlas los principales medios de difusión, puedes ejercer censura y tienes acceso a información privilegiada. Las técnicas de manipulación masiva son bien conocidas y estudiadas. Es por eso que la democracia se ha transformado en un aberrante ring donde cada contendiente lucha por su parcela de poder a costa de no importa qué circunstancia: tu sangre y la sangre de tu familia es un buen instrumento en las manos adecuadas, así de simple.

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No es una cuestión de ideas, y más en democracia, desde el mismo momento en que todos los presuntos adversarios políticos se sientan juntos en el mismo edificio. No hay más corruptos en izquierdas o en derechas, todo es cuestión de sistema.

Si en los últimos años (para no dar una lista interminable) el Partido Popular ha dado el caso Gürtel, el caso Bárcenas, la operación Kitchen, el caso Lezo, la operación Púnica, el caso del Máster de Cristina Cifuentes o el caso de las mascarillas en el entorno de Díaz Ayuso, el Partido Socialista Obrero Español no se ha quedado atrás con el caso de los ERE de Andalucía, el caso Koldo, el caso Mediador (Tito Berni), el caso Azud, el caso Begoña Gómez, el caso David Sánchez, el llamado Delcygate o la investigación de la Plus Ultra

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En los siguientes días habrá una investigación que durará años; si hay alguna dimisión, se irá con su pensión vitalicia; se cruzarán acusaciones entre funcionarios que luego se irán a tomar algo en el bar del Congreso. Y hasta la próxima.

Es decir, que ahora el caso AVE, por llamarlo de alguna manera, se sumaría al caso DANA. En uno y otro, la movilización emocional sustituye a la participación política. En la democracia española simplemente se ofrece cambiarle el collar al mismo perro, porque al revés es impensable.

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Y no está permitido pensar lo impensable, que el sistema no funciona, porque eso es ultraderecha.