¡Apocalipsis energético! El gas y el petróleo se disparan un 50% tras el ataque de Rusia a Ucrania

Vladimir Putin ha apretado el botón y el mercado energético se ha puesto patas arriba en unas pocas horas. Los futuros del gas natural se disparan un 50%, el petróleo supera los 100 dólares, la luz marca su segundo dato más elevado del año y Endesa se cubre las espaldas con más carbón para la vieja central de As Pontes. Todo se ha puesto patas arriba, pero Europa pide calma y la ministra de Transición Ecológica reitera que el suministro está asegurado. No así los precios. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido que la crisis impactará sobre la incipiente recuperación. A 4.500 kilómetros del Dombás, el seísmo energético desatado por el presidente ruso ya dispara las alarmas en la economía española.

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Las primeras horas tras la invasión se han caracterizado por las fuertes subidas en los mercados energéticos. En el caso del petróleo, son las mayores desde el 9 de noviembre de 2020, cuando se hizo pública la efectividad de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus. Tanto el barril de Brent, de referencia en Europa, como el West Texas Intermediate estadounidense escalan en torno a un 8%. El primero rebasa con creces la barrera de los 100 dólares —se encarama a los 104—, mientras que el segundo lucha por traspasarla, algo que no ocurre desde agosto de 2014. Pero eso no es nada en comparación con la locura que invade el mercado del gas natural, en máximos anuales. Los futuros europeos, que se negocian en la Bolsa de Ámsterdam, superan los 130 euros el megavatio hora tras una histórica subida del 50%, aún lejos de los 180 euros que llegaron a marcar en diciembre.

Esta vez, Europa no se ha puesto de perfil ante las provocaciones de Putin. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha asegurado que cambiarán muchas cosas en la vida de los ciudadanos del continente a partir de ahora. Y las decisiones que se han sucedido esta mañana apuntan a que el continente está dispuesto a un gran 'sacrificio energético' para mantener su autonomía frente al Kremlin. Hasta ahora, el 40% del suministro de gas de los Veintisiete dependía de Rusia, un dato que en el caso de Alemania supera el 50%. Sin embargo, la locomotora europea ya ha dicho que está preparada para sobrevivir sin el gas ruso y ha paralizado la certificación del gasoducto Nord Stream 2, que uniría el país euroasiático con la UE sin pasar por Ucrania.

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No habrá 'apagón energético'

Evidentemente, esto tiene un coste —importar gas natural licuado más caro desde Estados Unidos—, pero ese no será el del famoso apagón. Al menos así lo han asegurado todos los líderes europeos, y también el Gobierno de España. La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha reiterado este viernes que en ningún caso se producirá un corte de suministro, aunque ha reconocido que España "puede verse afectada por los precios de la energía en todos sus frentes". Un mensaje que comparten los presidentes de algunas de las principales empresas del sector, como Antonio Llardén, de Enagás, o Verónica Rivière, de Gas Industrial. Pese a ser uno de los países más autónomos del gas ruso (solo un 9% del suministro), la escalada de los precios de la energía puede ser nefasta para la recuperación, que esta vez no tendrá los vientos de cola que llegaron tras la Gran Recesión. La dependencia exterior, también del petróleo, encarecerá las importaciones y las presiones inflacionistas de los últimos meses se verán reforzadas por la dinámica bélica en el Este. Moncloa ya asume que su plan inicial, que pasaba por un alivio de la tormenta energética a partir de primavera, no se podrá cumplir: los precios seguirán altos durante todo el año y el Gobierno se prepara para prolongar las medidas para hacer frente a esta situación.

El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reconocido en una declaración institucional que el conflicto afectará a la economía española, especialmente en lo referido a la energía. Este mismo jueves, la fundación de las antiguas cajas de ahorros (Funcas) ha aventurado que lo acontecido en Ucrania provocará entre uno y dos puntos más de inflación, cuando esta ya se encuentra en un desmesurado 6,5%, su mayor nivel en los últimos 30 años, impulsada, precisamente, por el alza de la luz. Este sigue siendo el gran quebradero de cabeza para el Gobierno, y tiene difícil solución, ya depende muy directamente de la cotización del gas. Este jueves se ha vivido un nuevo ejemplo. Mientras el gas subía un 11,2% en el mercado ibérico (Mibgas), los precios de la electricidad en el mercado mayorista se disparaban un 16,8%, hasta los 240,13. Se trata su segundo dato más elevado del año y el máximo desde mediados de enero. El Ejecutivo trabaja en dos frentes. En el interno, las rebajas fiscales no han evitado que la tarifa regulada haya cerrado 2021 como el más caro de la historia. En el externo, las vicepresidentas redoblan la presión sobre Bruselas para que reforme el mercado europeo, algo que otros países, como Alemania, han bloqueado hasta la fecha. En los últimos días, España ha intensificado sus esfuerzos en paralelo al recrudecimiento de las tensiones en Ucrania. A menos de una semana para que Bruselas presente una nueva propuesta, Ribera y la ministra de Economía, Nadia Calviño, han enviado una carta a los comisarios competentes para reclamar "nuevas y poderosas" herramientas que permitan a los Estados miembros hacer frente a la crisis energética, según revela EFE. El Ejecutivo incluso amenazó con salirse del mercado europeo a finales de octubre si los Veintisiete no daban su visto bueno a la compra conjunta de gas. Finalmente, el órdago se retiró, pero Madrid sigue demandando más margen de maniobra a los Estados para evitar el impacto de la crisis energética en los bolsillos de los ciudadanos.

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Récord de la gasolina y más carbón

De hecho, ya se está notando. Y no solo en la factura de la luz. La subida del petróleo ha disparado los combustibles en las últimas semanas. Tanto, que la gasolina y el gasoil llevan siete semanas al alza y no paran de batir sus propios récords históricos: 1,591 euros el litro en el primer caso (un 1,2% más que hace una semana) y 1,479 en el segundo (un 1%), según los datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea conocidos este jueves. Llenar el depósito con cualquiera de los dos carburantes es 22 euros más caro que hace un año. De momento, aún no se ha tocado techo. De hecho, la mayoría de los analistas situaba el precio del crudo en los 120 dólares incluso antes de la conflagración. En medio de este tsunami, que afecta a los hogares y de manera muy especial a la industria —el 60% que se consume en el país se dedica a la actividad manufacturera—, reaparecen las alternativas de siempre. Endesa recibirá durante la segunda quincena de marzo otros dos buques carboneros con combustible para su central térmica de As Pontes (A Coruña), según han comunicado fuentes de la compañía a Europa Press.

Según recoge la agencia, las naves transportarán 235.000 toneladas de carbón, la fuente de energía más contaminante que existe. Su destino: ser quemadas en una instalación que debería estar parada, pero que volvió a funcionar el pasado 22 de noviembre ante la incipiente crisis energética. Sálvese quien pueda. Todos los actores económicos asumen ya que el escenario inflacionista ha llegado para quedarse, y el miedo empieza a cundir en los principales despachos. Este jueves, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, ha afirmado que el ataque de Rusia a Ucrania supone "un problema añadido" para la recuperación, y la directora general de la Cámara de Comercio de España, Inmaculada Ribera, ha pedido minimizar el impacto de las sanciones en las empresas españolas. Sus palabras están condenadas a la melancolía: esta vez, la geopolítica se ha impuesto a la economía, al más puro estilo Vladimir Putin.

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