La inversión china llega a España: ¿deben preocuparse los inversores españoles?
Las inversiones de empresas chinas, aunque presentan perspectivas atractivas a corto plazo, generan el riesgo de una dependencia a largo plazo que podría afectar al crecimiento económico sostenido de España y a sus infraestructuras estratégicas.
España se ha convertido en los últimos años en una de las principales puertas de entrada de las empresas chinas a la Unión Europea, especialmente en sectores considerados críticos para el futuro del bloque. Por un lado, estas oportunidades de inversión prometen la creación de empleo, además de contribuir a impulsar algunas de las políticas prioritarias de la UE, en particular en el ámbito de la transición ecológica. Por otro lado, surgen interrogantes sobre los grandes proyectos liderados por actores extranjeros en los sectores de la energía, el transporte, las infraestructuras críticas y la defensa. El problema no radica en la inversión extranjera en sí, que es sin duda bienvenida tanto en España como en el resto de Europa, sino en los riesgos asociados a las dependencias que pueden generar específicamente los proyectos liderados por empresas chinas.
La industria de las baterías ilustra perfectamente cómo un sector que se ha convertido en tema habitual en los círculos de decisión política y en el debate público conlleva importantes implicaciones para la seguridad nacional. En un futuro próximo, las baterías alimentarán la mayoría del transporte público y privado, almacenarán el exceso de energía generado por fuentes renovables como la solar y la eólica, e incluso permitirán el funcionamiento de sistemas de comunicación y defensa. España, al igual que muchos otros países de Europa y del mundo, funcionará en gran medida gracias a las baterías.
Las empresas chinas de almacenamiento energético —líderes globales en este sector— han desplegado importantes paquetes de inversión para participar en los esfuerzos de transición energética de otros países. Xiamen Hithium Energy Storage Technology Co. Ltd (conocida como Hithium) anunció recientemente un proyecto de 400 millones de euros en Navarra para construir una fábrica de sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS), una iniciativa que, sin duda, incrementaría significativamente la dependencia de España respecto a Pekín. Es importante señalar que la colaboración en la producción de estos sistemas con empresas chinas no implica el intercambio de conocimiento: la tecnología y los productos se importan, mientras que el saber hacer técnico permanece estrictamente protegido. España corre el riesgo de convertirse en un mero centro de fabricación dependiente de diseños chinos y de cadenas de suministro controladas en gran medida por el gobierno chino.
Más allá del sector de las baterías, la expansión china se ha extendido al conjunto del sector energético español. China Three Gorges, empresa eléctrica, está destinando más de 2.000 millones de euros a duplicar su capacidad en el sector de energías renovables en España. En 2024, España firmó un acuerdo con Envision Group para construir una planta de 1.000 millones de euros destinada a fabricar maquinaria para la producción de hidrógeno verde. Prácticamente cualquier sector energético emergente clave en España cuenta con una significativa presencia e inversión china, valorada en miles de millones de euros.
Madrid podría encontrarse en el futuro sujeta a la influencia china, articulada a través de una presencia integrada verticalmente en los sectores de producción energética, almacenamiento e industria manufacturera. Esta preocupación es legítima debido a la estrecha relación entre el gobierno chino y sus empresas privadas, especialmente las líderes en cada sector. Año tras año, China destina entre dos y tres veces más recursos en forma de subvenciones a sus “campeones nacionales” que la mayoría de países industriales occidentales, distorsionando la competencia de forma difícilmente sostenible a largo plazo. En algunos casos, como el de Hithium Energy Storage, las subvenciones estatales sostienen los balances empresariales hasta tal punto que, sin ese apoyo financiero, sería difícil presentar una imagen de viabilidad económica y crecimiento sostenible. Más preocupante aún es que el volumen de subvenciones no deja de aumentar, sin ofrecer garantías de que la empresa pueda sostenerse por sí misma.
Un balance inflado artificialmente suele ocultar otros riesgos relevantes para los inversores. El caso de Hithium merece un análisis más exhaustivo por parte de los responsables españoles. En su intento de cotizar en la Bolsa de Hong Kong (HKEX), los reguladores detectaron que la empresa había exagerado reiteradamente el potencial de crecimiento de sus proyectos internacionales, incluido uno reciente en Texas que probablemente se verá afectado por importantes aranceles. Además, varias demandas —tanto pasadas como en curso— por presuntas violaciones de derechos de propiedad intelectual, que no fueron reveladas en la documentación presentada, junto con preocupaciones sobre posibles conflictos de interés entre el consejero delegado y miembros de su familia, llevaron a los reguladores a rechazar la solicitud de cotización.
En los últimos años, los países de la UE han intentado desarrollar un ecosistema propio de energías renovables. Sin embargo, el fracaso de varias empresas como la alemana Voltstorage o la sueca Enerpoly demuestra que, en términos de innovación tecnológica, escala y competitividad global, China sigue sin tener rival. Al mismo tiempo, la UE exige a sus Estados miembros cumplir los objetivos de transición ecológica acordados en 2019. Esto genera una situación paradójica: la UE desconfía de la inversión china en su sector energético, pero al mismo tiempo depende de ella para alcanzar sus metas.
Dado que la tasa de empleo en España se mantiene por debajo de la media de la OCDE y el desempleo sigue siendo de los más altos de Europa, las inversiones extranjeras que prometen miles de puestos de trabajo pueden resultar difíciles de rechazar. Sin embargo, las dependencias estructurales que conllevan, especialmente en sectores energéticos críticos, deberían alertar tanto a los responsables políticos en Madrid como a las autoridades regionales. Las empresas conjuntas sin transferencia de control tecnológico pueden exponer a la industria española a una influencia desproporcionada de China. Además, estos acuerdos suelen beneficiar a las empresas chinas al permitirles sortear barreras comerciales sin fomentar una verdadera innovación local. Si a esto se suman empresas con fundamentos cuestionables en términos de sostenibilidad económica, España estaría asumiendo un riesgo más cercano a la especulación que a la inversión estratégica. En proyectos multimillonarios en el ámbito del almacenamiento energético y la energía en general, España debería actuar con mayor cautela y negociar condiciones que protejan sus intereses nacionales.













