Estados Unidos declara organizaciones terroristas a todos los grupos 'antifascistas'
La Administración Trump ha dado un paso sin precedentes en la lucha contra los movimientos radicales de extrema izquierda: el presidente de Estados Unidos ha ordenado designar a los grupos antifascistas extranjeros (antifa) como organizaciones terroristas internacionales, una medida que podría tener consecuencias diplomáticas, legales y penales a nivel global.
El anuncio no se produjo en un comunicado oficial, sino en un momento insólito y televisado desde la Casa Blanca, durante una mesa redonda sobre seguridad nacional.
Una orden improvisada… que se convierte en ley
Durante el acto, un periodista preguntó a Trump si su gobierno valoraba incluir también a los grupos antifascistas extranjeros en la lista de organizaciones terroristas. El expresidente, inicialmente sorprendido, respondió con su habitual estilo directo:
“¿Antifa como organización terrorista extranjera? ¿Deberíamos hacerlo?”, preguntó mirando a sus asesores.
Acto seguido, sin dudar, dio la orden:
“Hagámoslo. Marco, encárgate.”
El secretario de Estado, Marco Rubio, y el asesor presidencial Stephen Miller, asintieron inmediatamente, dando por aprobada la instrucción presidencial en vivo y ante las cámaras.
Qué implica esta designación
Si la medida se formaliza, los movimientos antifascistas internacionales pasarán a ser considerados enemigos oficiales del Estado norteamericano.
Esto activaría automáticamente la legislación antiterrorista de Estados Unidos, incluyendo:
- Congelación de activos y cuentas bancarias bajo jurisdicción estadounidense.
- Prohibición de transferencias económicas o ayudas hacia los grupos señalados.
- Penalización de cualquier contacto o financiación indirecta con sus miembros.
- Posibilidad de arresto o deportación de personas vinculadas a los colectivos antifa.
- Sanciones diplomáticas o económicas a los gobiernos que les brinden apoyo o protección.
En la práctica, supondría el mayor golpe jurídico y simbólico contra la izquierda radical global desde los años 70.
Europa en el punto de mira
Entre los asistentes al encuentro estaba Jack Posobiec, analista político próximo al entorno trumpista, quien aseguró que los movimientos antifascistas “tienen raíces y financiación europeas”. Trump asintió, y Stephen Miller reforzó esa idea.
En declaraciones posteriores a ABC News, Posobiec fue más lejos:
“España fue uno de los primeros focos del antifascismo moderno, con la Guerra Civil de los años 30. Desde ahí se extendió a toda Europa occidental.”
Estas afirmaciones sitúan a España —y por extensión a varios países de la UE— dentro del radio de atención del nuevo plan antiterrorista norteamericano.
El marco legal: la orden ejecutiva del 22 de septiembre
La decisión se apoya en la orden ejecutiva firmada por Trump el 22 de septiembre de 2025, en la que el Gobierno de Estados Unidos definió oficialmente a antifa como “una organización anarquista y militarizada” que busca “el derrocamiento del gobierno y de las fuerzas del orden”.
El texto sostiene que el grupo “utiliza métodos ilegales para promover una campaña de violencia política y terrorismo interno”, incluyendo disturbios, sabotajes y agresiones coordinadas en territorio estadounidense.
Según la Casa Blanca, antifa adoctrina a jóvenes, coordina acciones internacionales y busca desestabilizar el sistema judicial y policial de Estados Unidos.
Trump, otra vez al ataque
La medida encaja con el estilo político que ha definido a Donald Trump desde su regreso a la presidencia: decisiones contundentes, sin filtros y con impacto global.
Para sus seguidores, es una victoria contra la impunidad de la violencia de extrema izquierda.
Para sus críticos, un paso autoritario que tensa las relaciones con Europa.
Pero, una vez más, Trump ha hecho historia: lo que comenzó como una pregunta improvisada puede acabar convirtiéndose en la mayor ofensiva legal contra el antifascismo internacional en el siglo XXI.
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